29 enero 2006

¿Creará Ruddy el nuevo look social?


No quiero opinar sobre la temática tradada en el VI Foro Mundial Social. Hasta el nombre del evento me suena tan rancio, tan periclitado, tan untado de baba sesentosa... antes bien prefiero comentar lo que vi. Traté de hallarle poesía o impacto al evento, pero no la encontré en los rimeros de jeringas y condones usados que orlaban los alrededores de los campamentos de los participantes, ni en los potentes efluvios corporales y/o vegetales que emanaban aquellos a los que me acerqué. Pero si en el look de, sobre todo, las féminas asistentes. Había dos tendencias bien definidas: Por un lado, la típica feminista, de esas que quemaban sostenes: Pantalones con pinzas, mocasines, franela con consigna, billetera hombruna (vacía) en el bolsillo de atrás, cabello corto, mandíbula proyectada y apretada, gesto adusto e indefectible carencia de tetas, nalgas y caderas. Por otro, la versión hindú del ekeko: Capas y capas de sedas, pañuelos, batolas y telas baratas y percudidas, mapire al hombro, mirada ausente, cabello despeinado o trenzado pero siempre muy abandonado por el champú y chancletas planas que dejan lucir los talones sucios. Nada que ver con el "snobbish hippie" de los 80, esto es llevadez pura y dura.

Es sorprendente la falta de creatividad y el atavismo en el look (y en las consignas, y en el discurso, y en la plástica, y en la iconografía...) de quienes se identifican con estos movimientos. Cero evolución en 40 años. Y no se vislumbran nuevas propuestas. La apariencia desgreñada y esquizoide de la Varela, la vulgar peróxidodependencia de la Ron, el decadente ex nuevo riquismo de la Morales o la Farías no convencen, y mucho menos seducen; para hablar de los casos locales.

Por allí se habla de un decidido flirteo de la ex chica Bond y destacada actriz Ruddy Rodríguez con el régimen. A lo mejor la susodicha logra conferir un barniz fashion al estilo "bolivariano". Creo que ella es candidata idónea para captar a la masa de damas que por ideología o interés militan en estas filas, que pueden encontrar en ella un objeto de emulación, destacado y cercano. Máxime si se recuerda que en 1990 la simpática actriz confesó entre risas que tenía pecueca.

10 enero 2006

Arroz con Plátano y Yuca

Chiquinquirá no tenía apellido conocido y se ofendía si uno la llamaba señora, ya que ella era señorita a sus más de 50 años. La recuerdo cazurra, antipática, hermética. Las pocas veces que hablaba, su dentadura postiza bailaba en la boca a un ritmo frenético y llenaba su acento llorón de sonidos silbantes. Estaba enferma de eso que los viejos acertadamete llamaban "orgullo pendejo", cosa que le hacía rechazar altivamente a quien pretendía enseñarla a leer o regalarle ropa usada; al parecer estaba satisfecha, cual paria Hinduísta, con su gris vida de lavadora y planchadora a domicilio y su mal dormir en una covacha insalubre.

A pesar de su mal carácter, en casa siempre se trató a Chinca con respeto y deferencia, como a cualquier otra asistenta. Comía en la mesa con la familia y luego se sentaba un rato a ver la novela de la 1 en la sala. En la mesa, mamá le servía generosamente sus deliciosas creaciones, pero la vieja Chinca ponía cara de que estaba comiendo huevos podridos. Un día,ante una gigantesca porción de ñoquis a la boloñesa, comenzó a alabar el almuerzo que le habían dado el día anterior en casa de otra familia a la que le trabajaba. "Eso si era una comida buena y nutritiva", decía, mirando el plato que tenía delante con cierta incomodidad. "¿Y que le dieron, Chinca?" preguntó mi viejo bonachonamente. La susodicha puso cara de orgasmo, hinchó el pecho y espetó: "imagínese, profesor: arroz con plátano y yuca..." Si no supiera yo que la mente de Chinca era incapaz de entender y menos generar una ironía, lo hubiera tomado como tal. Arroz con plátano y yuca... tal era el concepto de ambrosía para este ser, su estándar, su refugio gustativo, su útero culinario. Por eso, para ella ese menú hiperalmidónico era más deseable. nutritivo y sabroso que los ñoquis, el pollo a horno, el polpettone de carne, o cualquiera de los platos domingueros que todos los días preparaba mi madre.

En Venezuela, la violencia en la calle, la corruptela impúdica, el sectarismo, el maniqueísmo y otros males se han transformado, más que en el pan de cada día, en nuestro "arroz con plátano y yuca". entonces ya el régimen no nos parece tan malo, nos alegramos porque apenas hay una docena de presos políticos, porque este fin de semana hubo menos de 200 muertos por arma de fuego, o porque repararon uno de los mas de doscientos cincuenta huecos que orlan las calles de cualquier ciudad. Y los pobres devenidos en limosneros de oficio, gracias a la política de mendicidad del régimen, se alegran cuando; en vez de verduras podridas y sobras de los pipotes de basura, pueden comer arroz con plátano y yuca.