13 octubre 2015

Los Intentos de Sara


Sentí que esta vez sí era la definitiva. Una vocecita dentro de mí, sin embargo, secreteó “eso mismo pensaste las 327 veces pasadas”. Ignoré la vocecilla y me fui del hotel contenta como unas pascuas, imaginando con fruición y muy despacio el nombre que daría a mí bebe. El donante de semen de esta ocasión se llamaba Colt, o al menos así se autodenominaba en el sitio web por donde lo contacté, y ni de pasada consideré incluir tal apelativo para bautizar esa tan deseada criatura. Yo voy mas por nombres tradicionales, con un aire antiguo y espiritual, como Sinaí o Dioscórides, que igual sirven para ambos sexos.

Anhelaba además lograr el éxito en esta oportunidad porque los fondos ya no me estaban alcanzando. Con la crisis, el dinero rinde menos. Recordaba con nostalgia aquellos días en que los hombres estaban dispuestos a hacer el amor conmigo gratuitamente; si bien desde muy temprano aprendí a cuidarme de decirles cuál era mi verdadera intención, ya que los hombres, como criaturas viles y rastreras que son, tuercen los ojos y huyen despavoridos cuando se enteran que una dama anhela engendrar un hijo. Así que opté por los amantes transitorios de pago. No preguntan, no opinan, no besan y no les importa la diferencia de edad. Lamentablemente, en estos tiempos de paranoia venérea los que están dispuestos a tener sexo sin preservativo cobran más dinero, pero ningún esfuerzo será oneroso si logro mi cometido de ser madre, la más noble tarea de cualquier mujer que se precie de serlo.

Acudí al control ginecológico convencida de que esta vez no perdería a mi bebe. Desde hace algunos años me ocurre lo mismo: salgo en estado y casi de inmediato pierdo al bebé. Yo, que tengo cada vez menos amistades, cierro los oídos ante los consejos de mis amigas sabelotodo que me dicen paparruchas como que me haga un estudio del útero y pamplinas similares. Además, no estoy por la labor de andar malgastando dinero, todo debe ser para la gestación y crianza de mi retoño. De manera que recurro a los servicios de salud gratuitos, con tristeza confirmo que ya perdí mi bebé; “usted no está embarazada” me dicen, ignorando por supuesto cuanto sufro al saberlo y como mi corazón se desangra por no poder cumplir mi más caro sueño.

En esta ocasión la enfermera, dueña de un adusto aire de eficiencia, me pareció confiable, de manera que sentí el clima para confesarle mi deseo. Le comenté que estaba segura de mi embarazo por la ausencia de regla, y aunque ya había tenido varias pérdidas mensuales consecutivas, algo me decía que esta vez sí lograría mi meta de convertirme en mamá por vez primera.

La enfermera miró mi ficha clínica, me miró a mí, volvió a mirar mi ficha clínica y me espetó una pregunta que me heló la sangre: “Señora… ¿usted ha oído hablar de la menopausia?”
 
La imagen es del video "Intento" de "Fondo Flamenco", muy buena agrupación descubierta por mi gracias a la búsqueda de la imagen