El primer suicidio fue rápido. La turba, adoctrinada -sin darse apenas cuenta- y ebria de
“me too”, se lanzó, ciega e impetuosamente contra el polímata al que Pía acusó
de haberla tocado indebidamente. Fue defenestrado de inmediato del círculo de
estudios y análisis que el mismo creó, sus mecenas y patrones le retiraron el
apoyo económico, su novia lo abandonó sin indagar primero si aquello era cierto,
sus colegas se despacharon a gusto en ejercicios asqueantes de crítica tóxica,
barata e imbuida de neopuritanismo, como si ninguno de ellos hubiese deseado
jamás a alguna de sus discípulas núbiles (y viceversa) y como si todos temiesen
ser mal vistos y ser susceptibles de señalamiento y cancelación por parte de la
perversa y todopoderosa matriz de faminazismo mediático si no lucían
suficientemente radicales en el desprecio al que hasta 24 horas antes llamaban
“hermano”.
No es descabellado aventurar que al polímata le dolió más ver en
tiempo real la falsedad hipócrita de su entorno y la obediencia descerebrada de
la sociedad hechizada por el wokismo, que las acusaciones insustanciales de la
impía Pía, quien se autoincriminó describiendo como aceptó una segunda cita con
el polímata aun después de que en la primera, este supuestamente le tocase
partes del cuerpo que solo en el más oscuro dogma medieval y en el más fanático neofeminismo odiador de hombres es criminal acariciar si se cumplen las condiciones de consentimiento mutuo y edad mínima legal para sostener relaciones sexuales; ambas condiciones dadas en este caso, según relata la propia pseudovíctima. Y por eso, quizás en
un intento fallido de ejercer la libertad de volar, Willy McKey se lanzó desde un noveno
piso en Buenos Aires en Abril de 2021 y estrelló sus sueños, su literatura, su
talento y su capacidad creadora en el asfalto.
El segundo suicidio fue más bien una muerte autoinfligida paulatina y esperable, como cuando se desconecta el respirador a un
cuerpo cuyo cerebro ya se desactivó y sigue viviendo por inercia, apagándose poco a
poco, hasta que se va sin que nadie se percate o, peor aún, sin que a (casi)
nadie le importe. El 30 de diciembre de 2024 cerró el portal Prodavinci. Lo que
otrora fue un espacio para la información, el análisis, la creación y la opinión
libre pasó a ser una página web muerta más; con la diferencia de que en este
caso el propio portal decretó su muerte al expulsar a su fundador, mente,
músculo y alma; todo porque era más importante creerle a una irrelevante que ni
siquiera se atrevió a salir del anonimato cómplice y porque era preferible protegerse del que dirán y entrar en la secta de los
adoradores de la superioridad XX, que seguir deleitando a sus lectores con sus
artículos agudos, incómodos para las tiranías y que obligaban a mover las
neuronas más allá de las cacofonías fáciles e instragrameables tipo “el violador
eres tu”.
Para información adicional:
La única reseña que describe el suicidio
de Willy McKey sin lincharlo que encontré; curiosamente escrita por una mujer:
https://www.elliberal.cat/2021/05/04/el-suicidio-de-willy-mckey-y-la-falsa-idea-de-justicia/
Nota (no tan) luctuosa del cierre de Prodavinci: https://efectococuyo.com/la-humanidad/portal-prodavinci-anuncia-pausa-en-su-produccion-editorial/

