29 marzo 2016

... Y me dió por escribir un haiku

¿habrá conjunción planetaria? ¿o el súbito despertar de un vórtice de energía? No se si el origen es tan poético y místico o algo tan estéril como una casualidad estadística.

El caso es que hoy, pro primera vez en muchos años, tuve unos minutos libres sen mi trabajo. En ese trabajo que me gusta mucho pero que me mantiene con el acelerador pisado y los sentidos en alerta máxima de lunes a viernes de 7:00 am (o un poco antes) a 4:00 pm (o un poco después). De modo que: ¿que hacer con esos minutos libres? Entré en un sitio web de generación aleatoria de palabras. Tomé las 3 que salieron (sol, cuchara, cereal) y con ellas escribí un haiku. Ahí va.

Solo, como sol
un dorado cereal
en la cuchara

Si algún día vuelvo a tener minutos libres, lo volveré a hacer, lo disfruté un montón.

20 febrero 2016

Diálogo imaginario con un marido muerto

Como parte de unos ejercicios que estoy adelantando, en mi empeño de escribir mejor, comparto este texto que se generó según el reto que a continuación transcribo: Escribir el siguiente monólogo interior (20-40 líneas): "Dirigiéndose imaginariamente a su marido muerto, la viuda, mujer convencional y estrecha de miras, le reprocha que nunca le hiciera una declaración de amor como Dios manda". Esa descripción de la mujer me hizo pensar en algunas mujeres evangélicas o protestantes que conozco, de esas que obedecen a pies juntillas lo que sus ultraconservadores pastores les indican, de modo que que bajo sus largas y descoloridas faldas sus piernas van tan peludas como sus sobacos, y su cabello opaco y largo se apiña desmayado en una coleta sin gracia. Me produce cierta curiosidad el hecho de imaginar justamente una protestante al leer la frase "mujer convencional y estrecha de miras", pero aquí en Venezuela es así. En otros países, supongo que esa descripción se corresponderá más con una católica... aunque las que se deben llevar la palma son las musulmanas.

No obstante, a mi me salió una de esas evangélicas que se autodenominan "cristianas" (que lo son, pero también las católicas, ortodoxas, etc) y el diálogo va así:

En momentos como ese, era inevitable que Ingrid recordase a Jonás, y sostuviese con él farragosos e imaginarios diálogos (más bien monólogos, porque en ellos su esposo solo pronunciaba monosílabos e interjecciones). Esto, que la inquietaba al principio, dejó de causarle remordimientos desde que su pastor le indicó que no había nada de mundano en ello, siempre que no descuidase la obra del señor, claro está. Ingrid se desquitaba del carácter taciturno de Jonás Gandica, elucubrando las conversaciones que, por temor, por timidez o por autocensura, jamás pudo sostener con su cónyuge. Aquel tarde, aburrida y canicular como es costumbre en la depauperada ciudad dormitorio en que habitaba, el asunto se decantaba por estos vericuetos:

-         Gandica, ¿se acuerda de cuando estuvimos en Coro? ¡tan bonito todo! ¿verdad?
-         Umjú… (Ingrid era una maestra imaginando a Jonás respondiendo del parco modo usual en el)
-         Me hubiera gustado volver. Pero es que usted se empeñó en ir a Caracas después, y claro, yo lo acompañé porque soy su mujer y es mi deber ir a su lado para atenderlo como es debido. Pero le digo algo. A mi Caracas no me gustó, con ese ruido y esos zagaletones en moto y esa asquerosidad de hombres agarrándose de la mano y mujeres mostrando las carnes. Gloria al señor que encontramos la iglesia del pastor Manuel Colina y pudimos ir al culto como corresponde, pero usted sabe bien que yo nunca quise volver a esa ciudad perdida, y usted, tan bueno como siempre, me complació.
-         Ah bueno, pa’ que vea…
-         ¿Se acuerda de la hermana Domitila y su esposo, el hermano Tulio? ¡Qué gente tan buena! ¡Y conocedora de la palabra! Por ellos es por el único motivo por el que hubiera aceptado volver a la capital, pero después, claro, usted se enfermó y la gente que dejó encargada del taller no le cumplió y bueno, usted sabe lo que pasó después, ¿no?
-         Ajá…
-         Ay Gandica… ¿Por qué tuvo que morirse? ¡Gloria al señor en sus designios! Yo oro todos los días pidiéndole al señor el entendimiento para aceptar que se lo llevó de mi lado y leyendo el libro de la sabiduría en la biblia esa tan bonita que usted me regaló cuando nos comprometimos. Es que usted si tuvo detalles conmigo, y doy gloria al señor porque usted dejó la vida mundana cuando se casó conmigo, pero usted sabe que eso no es mérito mío sino de él, que obró a través de esta simple integrante de su congregación…
-         Pues si…
-         Gandica, yo se que de eso no se habla pero usted ya está en la gloria del señor y no debe importarle que le pregunte eso, con mucho respeto porque usted es mi marido y siempre lo será aunque esté muerto, porque yo estoy dedicada a la obra del señor y no pienso volver a tener marido nunca más, pero ¡dígame algo!
-         ¿Qué será?
-         ¿Por  qué usted nunca me dijo que me quería? ¿Por qué no se me declaró como debe ser, sino que se limitó a decirme “nos casamos el 18 de octubre en el templo del pastor Ronaldo Vargas”? ¿Por qué cuando estábamos usted y yo solos yo le decía que mi único amor terrenal era usted, gloria a Dios, y usted nada más decía “igualmente” y no me decía que me quería? ¿Porque, porque, porque? E invariablemente, llegado el momento de formular estas preguntas, la imaginación de Ingrid se esterilizaba de pronto, se desvanecía, y jamás lograba idear la respuesta que le hubiera dado el difunto, lacónico y adusto Jonás Gandica de quien ella, sin atreverse a reconocerlo, seguía enamorada aún después de haber transcurrido más de veinte años de su muerte.

La imagen es un cuadro de Van Gogh: "Cabeza de una mujer campesina con gorra blanca"

23 noviembre 2014

Domingo de metáforas: El Museo de Arquitectura de Caracas y la exposición sobre el Helicoide

Hoy fue uno de esos domingos lentos y calurosos que propician el solaz visual y el ejercicio intelectual que derivan (o deberían derivar) de la visita a un museo. Acudí al polémico Museo de Arquitectura de Caracas (Musarq) principalmente a ver la exposición "Helicoides Fallidos". Más allá de mis impresiones sobre la muestra en si y el espacio que la alberga (que seguro percolarán mas abajo en este post), me vinieron a la mente dos asociaciones. El Helicoide es una metáfora de Venezuela, y el Musarq, otro tanto sobre el ejercicio de la arquitectura en suelo patrio.

El Helicoide, iniciativa privada que necesariamente debió contar con el beneplácito del militar Marcos Pérez Jiménez, prometía un espacio glamoroso, moderno y atractivo para las compras, al igual que cualquier mall de hoy en día. A medida que el tiempo fue pasando, los problemas que enfrentó su construcción, no muy distintos a los problemas que enfrenta cualquier obra, fueron gestionados bastante ineficazmente, o no lo fueron en absoluto. El proceso constructivo quedó inconcluso, y el entorno de esta obra se convirtió en un popurrí de barrios marginales. El Helicoide ha sido usado para albergar damnificados, fue producto de muchos bien intencionados proyectos para instalar allí desde museos hasta ministerios. Posteriormente fue trasladado allí un cuerpo de seguridad gubernamental... y en este régimen militarizado, ha pasado a ser una cárcel para presos políticos, de condiciones bastante inhumanas por cierto, según la OEA. El Helicoide, como toda Venezuela, sufre de ranchosis, e involucionó desde una concepción de alta factura alabada (entre otros) por Pablo Neruda a ser el deplorable escenario de la degradación y humillación que el actual régimen obsequia al que piensa diferente, en cruel remembranza del dictador que dio su beneplácito al proyecto inicial... y a quien no puede negársele su eficacia en la gestión de obras públicas, hoy inexistente.

La muestra está bien curada, y cuenta con valioso apoyo documental, mas resulta difícil (al menos para mi) evitar la depresión que nace al comparar lo que pudo haber sido el Helicoide, el paisaje urbano de la Caracas de los 50, el respeto que en aquel momento existía por el oficio de arquitecto y otros detalles, con la realidad actual, diametralmente opuesta. Por otra parte, para llegar a la muestra se pasa primero por un estridente panegírico a la misión vivienda, y al lado de la misma hay otro ejercicio de adulación a ciertos "partos de los montes" del régimen.

Y así nace el símil entre el Musarq y el depauperado ejercicio de la arquitectura en Venezuela. El Arquitecto Federico Vegas hace una magistral disección de esta obra en un artículo publicado en el sitio web del C.A.V. (disponible aqui), por lo que no me extenderé poniendo de relieve lo que Vegas hace con más base documental y contundencia de la que yo pudiera lograr. Si quiero llamar la atención sobre algo. ¿Cual arquitecto diseñó el Musarq? No lo se. Ni idea. El brochure oficial de la institución de marras se limita a mencionar que el proyecto fue "Diseñado por el equipo profesional del Prof. Juan Pedro Posani". Es decir, la importancia, la representatividad, la médula, la promoción mediática del museo de arquitectura ignoran por completo al arquitecto, y se enfocan en el director (que no es arquitecto), en triste símil a la idiosincrasia Venezolana al respecto, existente desde hace luengos años, pero exacerbada (como prácticamente todos los males de la era democrática) por el régimen militarizado que detenta el poder en Venezuela desde hace ya casi 16 insufribles años.

Debo, eso si, resaltar un detalle. La exposición en ningún caso se pliega en loas al actual régimen, y por el contrario, deja colar que el difunto Hugo Chávez y su sucesor han sido, por lo menos, tan inconsistentes en la gestión del helicoide como problema, como lo fueron los gobiernos antecesores. Prefiero pensar que ello se debe a un ejercicio de sindéresis por parte del museo y no a un no haberse dado cuenta.




06 septiembre 2014

El escuadrón de las patas de pollo

Hace unos días, un zancudo "patas blancas" tuvo la infeliz idea de picarme... nada original, tomando en cuenta que, en estas latitudes tropicales, eso ocurre varias veces al día. El problema es que este en particular me transmitió el dengue. No voy a concentrarme describiendo la terrible sensación de considerarse totalmente carente de energía mientras el cuerpo se percibe desdoblado, con el torso y cabeza en una caldera volcánica en actividad, y las manos y pies en el Nilfheim, el infierno gélido de la mitología nórdica. Lo que si resulta particular, es el descubrimiento de la panacea universal, de la mano de los amigos que se comunicaron conmigo durante este trance: Las patas de pollo.

Absolutamente todos los amigos me recomendaban que de forma muy juiciosa ingiriese un caldo de patas de pollo. Algunos acompañaban el récipe con leche de coco y/o infusión de "chocolata" (planta común también conocida como "coneja" de nombre linneano catharanthus roseus), no se si todo esto junto o separado. Yo, que tengo por las sopas un amor parecido al que les profesa Mafalda, nunca estuve muy seducido por la idea. En todo caso, consulté 4 médicos amigos, y resultó que dos estaban a favor y dos en contra de la administración del menjurje de marras, con opiniones que variaban desde "Esta científicamente probada la eficacia de las patas de pollo para subir las plaquetas" hasta "Yo no se como puede ayudarte eso, total, no son otra cosa que pellejo, huesos y mierda".

Por fortuna para mi, me hospitalizaron, y la comida de instituciones de salud privadas raras veces incluye manjares tan dudosos como la sopa de patas de pollo, de modo que me salve de esta ingesta. Y mis plaquetas se recuperaron igualito, aunque alguna noche soñé con una conspiración de mis amigos, persiguiéndome con las patas de pollo en ristre y un caldero humeante.

29 diciembre 2013

Detox



…palabra que puede interpretarse como “desintoxicación” aunque suena más contundente. Y eso fue exactamente lo que hice en mis más recientes vacaciones.

Un día, en medio del agitado programa que me autoimpongo en los desplazamientos recreativos para procurar aprovechar hasta el último segundo y conocer hasta el último cm2, me pregunté por qué, a pesar del endemoniado ritmo, me sentía tranquilo, prístino, liviano, y otros adjetivos similares tan ajenos a los que vienen a la mente al procurar describir la urbe en la que habito.

Y entonces una mirada al entorno que me rodeaba me dio la respuesta.

No había motorizados zigzagueantes y amenazantes sintiéndose dueños de las calles.

No había afiches del muerto ni de sus acólitos.

No había, en el transporte público, personas que se subiesen a fracasar en su intento de parecer animosos, mientras repiten con voz mecánica “buenas tardes señores pasajeros, disculpen que le robemos un minuto de su tiempo y de su atención, somos un grupo de jóvenes que…..”

No había en la vera de las calles perros muertos, indigentes, latas de refresco aplastados, cartones de jugo fungiendo de hogar de las drosophila melanogaster, bolletes de papel higiénico usado, vómito, excrementos, indigentes (con o sin untura de vómito y/o excrementos), ni sustancias inidentificables.

No había gente malencarada, amargada y obstinada de vivir, eyectando su odiosa bilis en derredor (al menos no tropecé con ninguna, aun estando en lugares propicios para ello como mercadillos, aeropuertos y oficinas públicas)

No había adolescentes raquíticas de mirada hueca, preñadas y cargando un niño en brazos mamando de una desmirriada teta y sujetando a otro con la mano, ojalá el primogénito.

No había cadenas televisivas interminables mostrando un cacaseno vociferante, trasbocando su odio con acento cubanizado y gangoso.

No había vehículos “tuneados” perturbando las calles con sus reguetones distorsionados a todo volumen.

En resumen, no había una cantidad de cosas que me resultan odiosas, desagradables e insoportables y que se han transformado en parte integral de mi realidad diaria.

Lo que si había era víveres e insumos en abundancia, espacio despejado para caminar y clima frío, cosas todas estas que extraño en este eterno verano nacional orlado de escasez.

A casi un mes de haber llegado, me aferro a las cosas gratas que aún quedan en el contexto, para prolongar el efecto Detox y evitar transformarme en un alienado habitante de esta benesuela que, gracias al régimen, progresivamente se parece más a Burkina Faso y menos a Venezuela.

La foto está tomada en La Pobla de Vallbona, comunidad Valenciana, España

21 julio 2013

Más tonto y más feliz

En mi turbulenta adolescencia, llena de altibajos anímicos, leí un cuento de ciencia ficción en el que una hipotética sociedad futura encargaba a unas computadoras la dirección del destino del mundo, ocupándose aquellas de cultivar alimentos por medios mecánicos y suministrando, además del sustento, diversiones y entretenimiento a los ciudadanos. El relato transcurre a través de la interacción entre 4 personas, que se hacen cada vez más banales y básicas, hasta que terminan, como recién nacidos, únicamente tomando alimento y durmiendo beatíficamente; súmmum de la felicidad según los aparatos de marras.

Aquel relato me pareció en su momento la más temible historia de terror que hubiese leído. Más allá de la imposibilidad práctica de alimentar a toda la población mundial, me asustaba ese concepto (muy común en obras futuristas) de que la búsqueda de la felicidad conduce a la ignorancia y al adormecimiento del raciocinio.

Por cierto, no puedo recordar cómo se llama el relato, ni siquiera con la ayuda de San Google.

El caso es que conscientemente reconozco haber transitado esa ruta, y me siento prueba viviente de la veracidad de la correlación mas felicidad = menos raciocinio.

En mis atormentados veintes y treintas, de peladera implacable y escasísima repercusión en el entorno (como no fuera bajo el desechable concepto de “cerebrito”), escribía largos y enrevesados textos que sólo yo leía, creaba interminables y complejas cadenas de ideas para mi propio consumo, leía y disfrutaba textos densos y aprovechaba las largas y no siempre voluntarias horas de aislamiento para la introspección reflexiva. Y de vez en cuando me preguntaba para que cosa (más allá de condimentar anecdóticamente algunas reuniones) servía la buena memoria y la agudeza de ingenio que creía tener; pidiéndole secretamente a Dios una vida más próspera y muelle, aun a costa de cierta torpeza neuronal.

Y exactamente eso me fue concedido.

Hoy estuve tratando de leer un blog sobre reseñas de cine y libros en el que caí por azar, y me pareció no solo aburrido, también rayano en lo incomprensible y excesivamente denso. Que eso mismo me haya pasado tratando de leer a Jacques Derrida puede entenderse, pero… ¿un blog de reseñas? Eso me da una alerta, y quizás es la señal que esperaba pera empezar a tomar medidas contra la demencia senil o el Alzheimer.


Pero con todo, no me arrepiento, y prefiero esta felicidad y esta vida fluida y semientumecida, al hábito pretérito de practicar consuetudinariamente  agudas disecciones de mi propia miseria.

09 junio 2013

Brigitte Bardot o dos formas de ser bella

De mi niñez temprana, recuerdo dos referentes recurrentes de la excelsa belleza femenina: Raquel Welch y Brigitte Bardot. De la primera (sobre quien seguramente escribiré en otro post) albergo el recuerdo de su escultural cuerpo cubierto escasamente con una piel en "Un Millón de Años Antes de Cristo". De la segunda, mi evocación primigenia es más compleja y agridulce. Por una parte, recuerdo las referencias que se le hacían en una de mis primeras lecturas,  Mafalda, siempre destacando su belleza paradigmática. Por otra parte, guardo en mi chip cerebral de memoria una foto publicada en una revista venezolana de los setentas ya desaparecida (Momento, Bohemia, Élite o una de esas), foto en la que BB aparecía bastante ajada, sin una pizca de maquillaje. Esta foto acompañaba un reportaje (que recuerdo poseía un tono algo peyorativo) en el que se hablaba del retiro de la gran pantalla de la susodicha, para dedicarse de lleno a la causa de la defensa de los derechos animales.

Tal vez para un infante de 9 o 10 años, cual era mi caso, leer eso resultaba algo decepcionante ¿Como iba a dedicarse una mujer hermosa, rica y famosa a una actividad de ese tipo, quizá más adecuada para solteronas feas, anónimas y de escaso busto? Mas con la edad viene el raciocinio, y a los pocos años comprendí cuan loable, humanitario (e incluso inteligente) resultó ese enroque de BB.

Hoy, muchos años después, veo a Brigitte Bardot como un ser admirable. Por una parte, su arrobadora belleza y su estilo de lolita bohemia inspiraron a muchas mujeres y marcaron una tendencia estética bien diferenciada (y se pudiera decir que aún vigente). Por otra parte, su llamado a la conciencia en el tratamiento ético de la vida animal la hacen merecedora de mi respeto. Dos formas distintas de ser hermosa, por fuera y por dentro.

Ojalá tuviésemos mas Brigitte Bardot en esta humanidad, tan sedienta de compasión y autenticidad.

Fotos de BB: http://missbrigittebardot.tumblr.com/
Fundación Accueil, de BB: http://www.fondationbrigittebardot.fr/

24 marzo 2013

Sobre el acto de leer, otra vez

Ciertamente, tenía tiempo sin escribir en el blog. Pero hoy me encontré algunas coincidencias en la red que me animaron a hacerlo. Por un lado, tropecé con una cita del cantante Kanye West, en la que declara que no le gustra leer y que es un orgulloso no-lector. Conozco algunas personas que nunca han leído un libro, pero en esos casos, la gente suele evadir el tema o avergonzarse, en lugar de exhibir orgullosamente su autolimitación. El hecho de que este mismo no-lector haya escrito un libro (de 52 páginas, pero libro al fin) constituye la oximorónica muestra de los paradójicos tiempos que vivimos. La reseña del sainete aqui.

Por otra parte, tropecé con un artículo del español Javier Cercas intitulado "¿Leer nos hace mejores?", bastante corto, denso, lleno de referencias a notables del pasado y del presente y de final previsible: Termina siendo cuestión de gusto.

Pues si. Es cuestión de gusto, pero también de voluntad, de valores, de hábitos. Reconozco que la humanidad está evolucionando de un modo que deja cada vez menos espacio para el plácido hábito de la lectura. Vivir con el acelerador pisado permanentemente y bombardeado por la información inmedita y desechable del twitter, el facebook, el whats app, el pin y mecanismos "lave y liisto" similares no suena muy congruente con echarse en un lugar tranquilo a digerir algunos textos. No obstante, eso no significa que debemos sucumbir a la tentación de poseer un océano de información... con un centímetro de profundidad.

Si usted, estimado lector (guardando como siempre la esperanza de que alguien se tropiece y  lea este blog), ha llegado hasta aqui, significa que la tarea de la lectura le agrada y no le pesa, y quizás hasta esté de acuerdo conmigo. Y para quienes no llegaron a este párrafo, pues ni modo. No seré yo quien haga el papel de padre o de maestro, inculcando el necesario amor por la lectura. Muy lamentable que se lo pierdan.

24 junio 2012

De la Planta Libre a la Vivienda Antimotines: Diseño Criminal

Acabo de culminar la nuy recomendable lectura de "La Ciudad: Una Historia Global" de Joel Kotkin y me resultó inevitable escribir al respecto, desde mi experiencia. En la obra, Kotkin explica como desde el poblamiento de los primeros asentamientos que merecieron el nombre de ciudad hasta la actualidad, diversos factores contribuyen a configurar la dinámica, crecimiento y conformación urbana. Sea la presencia de centros rituales o espirituales, el comercio, el clima, el ser sede de la élite política, siempre ha habido y habrá motivos que definen el carácter y destino de las ciudades.

Resulta triste pero inevitable decir que en el caso de las urbes latinoamericanas (y sobre todo Caracas), es la protección ante el hampa el factor más relevante para definir nuestra geografía urbana. Y para mi es particularmente lamentable, ya que estudié arquitectura bajo el inocente paradigma humanista que, como Rosseau, sostenía que "El hombre es esencialmente bueno". Entonces no era de extrañar que creyésemos a pies juntillas en las bondades de la "Planta Libre" difundida por Le Corbusier, en la creación de conjuntos residenciales abiertos donde los vecinos convivíesen con cordialidad y sentido de pertenencia, cuidando de su entorno y del ambiente; así como creíamos y practicábamos otros conceptos urbanísticos similares que, a la luz de la realidad nacional actual, resultan risiblemente extemporáneos, ingenuos, carentes de pragmatismo y más aptos para Zurich o Estocolmo que para cualquier población venezolana con más de 500 habitantes.

En mi caso, siento que la realidad me dió una bofetada. Realmente, me he tropezado con un mínimo porcentaje de personas interesadas en la iluminación o ventilación de sus hogares, o en el aprovechamiento del espacio; por no mencionar temas más "poéticos" como la volumetría y percepción espacial de sus hábitats. La preocupación principal, como corresponde a la chorocracia en que vivimos, es evitar que se metan los malandros o los secuestradores, los policías siembra-droga o extorsionadores, y sobre todo los grupos de maleantes auspiciados por el coma-andante que pretenden "ocupar" viviendas y propiedades, como si el ciudadano honesto que ha pasado toda su vida ahorrando para tener un hogar digno tuviese la culpa de que Yuleisy alumbre doce hijos de diferentes padres, y ella, su marido de turno y su prole necesiten una covacha donde malvivir.

En el tejido urbano, sucede otro tanto. Aquellas teorías romanticonas (de Zevi, Benévolo y el autor del sempiterno libro azul de urbanismo cuyo nombre se me escapa, entre otros) sobre la revitalización de los cascos urbanos con la arquitectura como protagonista y con la ciudad cuadriculada en calles y plazas, con una población activa que vivía a distancia peatonal de su trabajo, y otras ramplonerías similares, han quedado obsoletas ante una realidad mucho mas brutal e hiriente; en la que la mayoría de las personas viaja entre cuatro y seis horas al día en los desplazamientos hogar-trabajo y los centros comerciales tipo mall (tan defenestrados por los autores mencionados y por los arquitectos de la izquierda caviar como el difunto William Niño) constituyen el único escape seguro a la agobiante realidad del día a día, en la que nadie tiene tiempo para fijarse en la fachada de una edificación o en la vivencia de caminar por una calle arbolada a la luz de la luna. La actualidad tercermundista ofrece otras experiencias sensoriales menos atractivas a quienes tienen el atrevimiento de caminar por las calles en horario nocturno, tales como el sonido de las balas y el tacto frío y cortante de una navaja en el riñón.

Pero claro, esta es una realidad demasiado fea como para que Kotkin se explaye en ella. Afortunadamente, existen experiencias como la de Singapur, que demuestran que con una política de cero tolerancia al hampa y creación de prosperidad, se puede paliar el tema de la seguridad, y así empezar a idear mecanismos para la reinserción social de los jóvenes sin fundamentos morales sólidos y sin opciones laborales y de obtención de calidad de vida que terminan transformandose en choros. Por el bien de las ciudades venezolanas y sobre todo de sus pobladores, esperemos que el final de esta oclocracia de paso a un timonel más preocupado por el bienestar de la colectividad que por su propia permanencia en el cargo.

04 marzo 2012

El decimotercer trabajo de Hercules: Comprar un carro nuevo en Venezuela

Es muy conocido el episodio mitologico en el que Euristeo asigna a Heracles (o Hercules) doce trabajos aparentemente imposibles de ejecutar, pero que, no obstante, el legendario personaje logra acometer .

Pues si Euristeo y Hercules viviesen hoy en dia, uno de los trabajos seria, sin duda, comprar un vehiculo de agencia en Venezuela. Lo que en cualquier pais civilizado o con una economia medianamente decente constituye un simple acto de esfuerzo monetario y valoracion practica e incluso estetica, aqui se ha vuelto una labor titanica, estresante, que saca lo peor de algunos seres humanos y pone a prueba los valores, la paciencia y la resistencia del que la intenta. Les relatare mi experiencia personal recientemente culminada con exito relativo, segun consta en la foto, quizas pueda ser de utilidad como guia para quien desee comprar un carrito de agencia... o convencerse de que mejor no lo intenta.

ESTABLECIENDO LAS CONDICIONES PRELIMINARES
Esta etapa es de mucha importancia, porque prefigura de que modo se va a sufrir durante el proceso. Basicamente existen 3 opciones:
1) Alternativa Caribe: Es la ideal para quienes ya perdieron cualquier rezago de escrupulos y conciencia, esos fardos tan inutiles en nuestra sociedad del siglo XXI. Consiste en buscarse un pana en una agencia de vehiculos (o hacerse de un pana alli, que no es tan dificil bajo el imperio de Don Dinero) y ofrecerle una jugosa comision para que consiga el vehiculo que quieres. Podemos estar hablando de 30.000, 50.000 o mas, puesto que esta opcion se ha vuelto muy popular y las tarifas han subido. En este caso quien lleva la carga mas pesada es el bolsillo, ya que lo demas suele ser facil, aunque si pretendes comprar el carro a credito, aun falta el paso del banco, donde de modo mas sutil tambien puede existir este mecanismo. Se corre el riesgo de que el pana se vaya con la cabuya en la pata, como he sabido en un par de casos.
2) Opcion revolucionaria: Es la que toman quienes no tienen problema en compra un carro de Iran, Corea del Norte u otro pais "aliado" del regimen. Perfecta para los chavistas "u-a" a quienes no les importa esperar 10 o 14 meses para obtener un vehiculo de calidad discutible, muy diferente por cierto a las Hummer, Explorers y Cherokees tan imperialistas y tan populares entre los altos personeros del regimen. Opcion vedada para quien esto suscribe por razones de practicidad y conciencia y por haber firmado en el 2003, 2004 y todas las veces que haya hecho falta.
3) El Calvario: Es lo que nos corresponde a quienes no queremos entrar por el aro de las opciones anteriores. Largos procesos de averiguacion en las agencias de toda Venezuela, atencion a rumores como "En la Toyota de Santa Elena de Guairen quedan tres Yaris, apurate" o "El concuñado de la nuera del sobrino de la suegra de un vecino dijo que ya van a llegar los Peugeot a las agencias de Tucupita, San Antonio del Tachira y La Trinidad de Orichuna, echate una pasadita" y apresto de karateka son necesarias para este proceso. En mi caso, le dije a cuanto ser viviente me cruzaba, que necesitaba comprar carro, en cierto puento ya independientemente de marcas o modelos, con la sola limitacion de que no pasase de 300.000. Y el dato llego a traves de un pariente que queria comprar el carro que yo tenia, a su vez suministrada por una compañera de trabajo cuyo hijo trabaja en una agencia. Cualquier parecido con "6 grados de separacion" es mera coincidencia.

OBTENIENDO EL CREDITO
Despues de ir a la agencia y corroborar que efectivamente el vehiculo llega en un plazo razonable (antes de que toque ingresar en un ancianato), a menos que se tenga como pagar el carro "al brinco rabioso", corresponde pedir un credito en el banco. En mi mente ingenua, el banco analiza una serie de parametros y decide si otrogar o no el credito. La realidad con la que me encontre fue mucho mas visceral. Primero, habian negado el credito y luego, en un extraño gesto de magnanimidad o no se que, fue aprobado de inmediato al preguntar los motivos por los que habia sido negado. Debo reconocer que tuve suerte. Como recomendacion, sugiero utilizar el banco "de toda la vida" donde conozcan al cliente y no le pidan requisitos insolitos como el certificado de vacuna contra la rabia o la declaracion de impuestos de hace 5 años.

EL TORTUOSO PROCESO DE ESPERAR EL CARRO
Ya entregados los papeles, ahora la modalidad es pagar el carro antes y esperar a que la conjuncion de los astros u otros factores desconocidos permita que la agencia te lo entregue. En mi caso tuve que esperar exactamente 22 dias, que no fueron mas gracias a la peleadera continua y la llamadera fastidiosa. Primero, me obligaron de manera sutil a comprar una cantidad de accesorios que en mi vida se me hubiese ocurrido instalarle al carro, como vidrios blindados, sirena de ambulancia, asientos de cuero, escape cromado y otras sultilezas carisimas que duplicaron el valor del vehiculo. El razonamiento fue "el carro ya viene asi, y si usted no lo quiere comprar asi, hay cientos de personas que si... y hay muy pocos carros, entiende?". Si, ya se que existe el Indepabis, pero yo soy empleado y cuido mi trabajo. No tengo tiempo de andar pidiendo permisos e invirtiendo horas en reclamaciones y llenado de papeles sin ninguna garantia de lograr nada, asi que por este aro si entre. Luego, el catalogo de excusas insolitas para la demora incluia lo siguiente "No venga hoy a firmar, porque la impresora se daño, yo le aviso", "Los papeles no se han enviado al banco porque la firma autorizada aun esta de vacaciones", "Hoy no le podemos informar cuando le entregamos su carro porque el que maneja esa informacion no vino", "Hoy no se puede llevar el carro porque el vendedor no vino"... todo en un alarde de creatividad inesperado.

Por supuesto, acciones logicas como elegir la marca, modelo y color del carro quedan eliminadas ente este panorama de escasez y componenda. Compre lo que habia. Un Fiat Siena color plata, que no esta mal, pero no era exactamente lo que queria (aunque reconozco que es una muy buena compra).

Y lo mas importante: Lo logre sin traicionar mis principios ni lamerle las botas a ningun uniformado semianalfabeta. Y en la Venezuela actual, lograr algo en esas condiciones es un merito digno de Hercules.

01 mayo 2011

El límite de lo políticamente correcto

Cuando niño, me chocaban las películas de vaqueros, tan predecibles ellas. Todos los blancos eran buenos, todos los indios eran malos, excepto aquellos que se alineaban con los blancos. Punto.

Después empecé a descubrir ese esquema en las telenovelas, aunque ya no con carga cromática, en las películas de kung fu... después en las canciones de protesta, hemipléjicas de origen, y en muchas otras fuentes de información. Y yo, con febril candor juvenil, soñaba con una humanidad donde esos límites se borraran, donde prevaleciese la esencia bondadosa del ser humano más allá de lo aparente. Y admiraba a figuras reivindicadas como María Magdalena, y cantaba con Palito Ortega "yo tengo fe que todo cambiará / que triunfará por siempre el amor / yo tengo fe que siempre brillará / la luz de la esperanza no se apagará jamás"

Por eso, cuando a mediados de los 80's empezó esa ola de lo políticamente correcto, me pareció genial. Que bueno que ya no hubiese que decir mocho, tuerto, oligofrénico o sordo sino "persona con discapacidad" o mejor aun "persona con capacidades diferentes". Y ya quedaba abolido el término "negro" para ser sustituído por "afrodescendiente", la ramera era ahora una "trabajadora sexual", el violador de menores un "desadaptado" y así sucesivamente.

Pero la cosa empezó a pasarse de la raya. Entonces a estas alturas, ya está mal visto decir "el perro es el mejor amigo del hombre", y toca decir "los perros y las perras son los mejores amigos y amigas de los hombres y de las mujeres". Y ni se nos ocurra hablar de aborto. El término correcto es "Interrupción del embarazo", aunque lo haya practicado una comadrona en Cúcuta con un gancho de ropa doblado o se haya provocado tomándose una malta caliente con raíz de perejil; asimismo, casi ningún viejo permitirá que le digamos anciano en lugar de "ciudadano de la tercera edad".

Podría seguir dando miles de ejemplos, risibles algunos, pero el punto es el siguiente: Creo que esta exageración de la corrección política nos está llevando a perder los referentes morales y de conducta. Ese pensar que todo vale, que todo es justificable, termina muchas veces enredando todo a tal punto que resulta imposible discernir lo justo y lo correcto. Recuerdo una valla que alguna vez mandó a colocar en Valencia el gobernador oficialista y militar Acosta Carlés (el del eructo). En dicha valla se sugería enfáticamente a las mujeres "no usar ropa provocativa para no provocar a los violadores". Esta criminalización de la víctima solo es posible bajo la lupa de la hiperbolización de lo "políticamente correcto". El violador justifica sus actos bajo la premisa de que la mujer llevaba una prenda provocativa. Y si bien la mayoría de los humanos es capaz de refrenar sus impulsos, el no, ya que el es diferente. Y como es diferente, pertenece a una minoría y por lo tanto merece respeto. Y por eso, no se le puede criminalizar por dar rienda suelta a sus impulsos sin ningún freno, por que el es diferente. Y por tanto, la culpa no es de el, sino de la mujer que usó el atuendo en cuestión.

Coincido con Vladimir Volkoff en considerar que esta exageración de la corrección política nace de la decadencia del espíritu crítico de la identidad colectiva, y pienso que el fenómeno se da a escala global. Solo que en Venezuela el hecho se da al revés. Quienes verdaderamente deberían manejar un lenguaje políticamente correcto, es decir, los asambleístas y el poder ejecutivo, hacen todo lo contrario; insultando y descalificando automáticamente a todo el que se salga un ápice de (o tenga la desfachatez de oponerse a) las líneas del pensamiento único del "máximo líder".

Macondo, 100% Macondo, diría un dilecto amigo.

27 febrero 2011

Palabras Obsoletas (1)

Queremos que nos ayudes a salvar el mayor número posible de esas palabras amenazadas por la pobreza léxica, barridas por el lenguaje políticamente correcto, sustituidas por una tecnocracia lingüística que convierte en “técnicos de superficie” a los barrenderos de toda la vida o perseguidas por extranjerismos furtivos que nos fuerzan a hacer ‘outsourcing’ de recursos en lugar de subcontratar gente.

Así promocionaba la Escuela de Escritores de Madrid, en 2007, un programa de apadrinamiento para rescatar palabras en desuso. Llama la atención que en pleno exorcismo de extranjerismos, se cuela la palabreja "outsourcing". Parece hecho a propósito... pero en fin, el objetivo de este post no es sacarle los trapitos al sol al texto citado, sino comentar mi experiencia personal con palabras que surgen y desaparecen a veces de forma tan veloz que apenas dejan recuerdos en el colectivo, y tiene que venir alguien con algo de tiempo libre y buena memoria para las cosas inútiles (como quien suscribe) a resucitar su presencia.

No pretendo convertirme en un émulo del grandioso Angel Rosenblat, quien hizo seguimiento y publicó de forma tan amena que casi resulta festiva, obras sobre el particular modo venezolano de hablar castellano, pero sí refrescar algunos términos que formaron parte de lo que oía y decía en mi niñez y adolescencia, y hoy solo son utilizadas por nostálgicos en ocasiones muy especiales. Así que, sin orden específico, como dicen cuando nombran las finalistas en los concursos de belleza, ahí van:
BALURDO: En los setentas tempranos, quien no usara esta palabra, era un balurdo... o un pureto (ver siguiente entrada). Lo balurdo definía todo lo opuesto a lo que se consideraba en boga, positivo, chévere (otra palabra inventada, pero de respetable trayectoria). Que un adolescente tuviese el cabello corto era balurdo, criticar el uso de las drogas recreativas era balurdo, la política era balurda, si fulanita era muy conservadora entonces fulanita era una balurda... en fin, que parece que la palabra terminó siendo balurda en si misma a finales de los setentas, hizo autofagia y fue olvidada. Hoy solo lo usan los graduados de la ULA en los setentas y los mariguaneros viejos.
PURETO: Otra palabreja de la jerga juvenil sesento-setentosa. Aludía principalmente a los padres, pero se empleaba para definir a los adultos o a quienes actuasen como tales, sobre todo si mostraban una actitud conservadora o alejada de las psicodelias de la época. Eventualmente devino en "Pure" (con acentuación grave) de modo que "el pure" era el papá y "la pure" la mamá; inclusive empezó a tener ribetes de cariño. Todavía hay quien la usa, sobre todo las émulas de Laura Pérez la sin par de Caurimare que se quedaron varadas en 1983.
CACHEPE / LA CATEDRA / PEPEADO: En los sesentas, las cosas estupendas podían recibir tres calificativos "La Cátedra", "Chévere" o "Pepeado". Así, se podía decir que fulanita preparaba un arroz con pollo que era La Cátedra, que el arroz con pollo estaba Chévere o que le había quedado Pepeado. Alguna mente brillante de la época inventó el término "Cachepe" para unir la CAtedra con CHEvere y PEpeado. De todo este barullo lingüístico, Chévere es la única palabra que sobrevive, quizás con presencia asegurada por unos años más. Los demás términos solo podrían utilizarse en parodias o en películas de época.
BONCHE: Aún recuerdo como si fuera ayer el día de 1985 en que Mayira Camacho, una compañera de la Universidad, me explicaba que en Colombia nadie decía "vámonos a bonchar" o "estaba en un bonche", ya que ese término tenía allí implicaciones de golpiza. Allá se usaba "vamos a rumbear" o "estaba en tremenda rumba". Muy poco tiempo después, como si Mayira fuese una pitonisa, el reinado absoluto del bonche en el vocabulario juvenil y adulto empezó a ser sustituído por la rumba, hasta erradicarlo casi por completo a medidados de los noventas. Hoy en día la única forma de que se hable de bonche, es evocando alguna fiesta antigua y memorable. No se si la impactante figura de Fedra López, bailarina principal de "Juan Carlos y su Rumba Flamenca" tuvo algo que ver en esta metamorfosis tan acelerada, ya que justo por aquellos años fue su época de gloria. Pero como diría Oscar Yánez, "así son las cosas".
PROPIO. "Charito es la propia" era el slogan de la candidata al reinado de la FISS 1982 Charito Reina, quien a pesar de su apellido tan propiciador, fue primera finalista. Pero el slogan retrataba un curioso uso de la palabra en cuestión. Lo propio en los ochentas era los cachepe de los sesentas. Ese pantalón te queda propio, el paseo aquel estuvo propísimo, menganita se ve más propia desde que se hizo la permanente... era la palabra que definía el deber ser según los cánones del gusto imperante; en oposición a lo chimbo, que era justo lo contrario. Curiosamente, el término chimbo pervive, mientras que éste uso del término propio despareció por completo en los noventas, siendo sustituído por "fino" que aún permanece.
ENCHAVE: Aunque hay notivos de sobra para pensarlo, esta palabra no data de 1999 sino de principio de los ochentas. Decir "que enchave" era una forma elegante de decir "que cagada". Enchavar algo era arruinarlo, llevarlo de un estado "propio" a un estado "chimbo". Si alguien andaba con el ánimo por el suelo, estaba enchavado o tenía encima un enchave. Ya a finales de los ochentas, nadie lo usaba. Aparentemente el término surgio de "El Chavo", quien se cansó de hacer chapuzas en su programa televisivo, y no del apellido Chávez, uno de cuyos detentantes también tiene tiempo haciendo chapuzas. A la luz de esta realidad, valdría la pena rescatar este término, por pertinente.
PERDER EL GLAMOUR / DEJAR LA PELUCA: Estas no son palabras, sino frases que aludían a situaciones específicas y que se repetían incesantemente en la transición ochentas - noventas. Entonces uno escuchaba cosas como "pues me caí, pero no perdí el glamour" / "mijita, no vayas a decir ninguna mala palabra, que pierdes el glamour" / "tengo media hora esperando a fulanito... yo creo que me dejó peluca" / "venía encaravanado con zutanejo, pero a ese como le pesa tanto la pata se adelantó y me dejó peluca". Erán frases muy expresivas, con un uso incentivado además por su utilización en telenovelas de la época, menú televisivo casi obligado ante la inexistencia del TV Cable, y que fueron sustituídas paulatinamente por expresiones menos pintorescas, al punto que ya casi no se usan. Desconozco el origen de "perder el glamour", pero "dejar la peluca" deriva de "dejar el pelero", frase que se aplicaba originalmente a la actuación de algunos galanes de turno que, una vez logrado el ensabanamiento de la fémina en cuestión, desaparecían a la velocidad de la luz, aparentemente dejando apenas algunos rizados vellos en la cama como recuerdo.
Y como este post ya se está tornando algo largo, volveré pronto con una segunda parte.

16 noviembre 2010

Divagaciones sobre las bibliotecas

Los estantes llenos de libros siempre me han parecido interesantes pero abrumadores, contentivos en si mismos de la evidencia de que jamás se podrá digerir todo el contenido que allí se atesora. Pero hay bibliotecas (entendiendo esta palabra como “depósito de libros”) que, por familiares, resultan más cercanas, más gratas; incluso acogedoras. Y se me ocurre pensar… que triste debe ser una casa sin al menos un estante de libros… o lo que es peor, con una biblioteca llena de libros que nadie lee.

Casi todos los recuerdos de mi niñez y adolescencia entroncan de algún modo con los libros. Ya sea las aventuras de exploración dentro de las estanterías de casa, las lecturas en la silla de extensión explayada en el patio con aroma a limonaria, higos y romero, o, en el más simple de los casos, con el trasfondo de mi viejo leyendo horas y horas mientras la vida cotidiana (coletos, vecinas chismosas, sonidos de la calle...) pasaba por un lado sin rozar su nirvana.

Al regresar a casa paterna luego del sepelio de papá, se encontraba un libro abierto con sus lentes de lectura posados sobre las páginas. Esa es la impronta que conservo de mi viejo, más que su cara dentro del féretro (que nunca quise ver)

En todas las casas donde he vivido, hay material de lectura en todos los aposentos. Estantes en salas y habitaciones, libros de cocina junto a los fogones, revistas sobre el WC. Eso me hace sentir que vivo en una biblioteca gigante, con el confort sicológico que ello conlleva. Haber vivido en un contexto eminentemente restrictivo, donde la lectura era una de las cosas que no estaba prohibida (incluso los libros "para adultos") y donde el dinero para comprarlos nunca se escatimaba, me hizo valorar este hábito como un viaje a la utopía posible.

Reconozco las bondades de los libros electrónicos, pero igual disfruto de la experiencia multisensorial que deriva de tomar un viejo libro entre manos, palpar la textura de su lomo y páginas y captar su aroma a guardado antes de proceder a devorarlo febrilmente con los ojos

Siempre me pareció detestable, enojosa e inútil la costumbre materna de colocar un batiburrillo de objetos horrorosos y cursis (recuerdos de primera comunión, miniaturas de bronce, mantelitos tejidos…) delante de los libros. Muchos años después, entiendo que es la forma que tiene mi madre de rendirle culto a un mundo que ella apenas conoce, pero que respeta profundamente, por haber sido la forja del hombre que ella amó.

Hace unos días visité a mi madre, y estuve explorando la ingente cantidad de libros que acumuló y leyó mi padre a lo largo de su vida. De esa experiencia vienen estas líneas.

01 agosto 2010

Mi amor por las tajadas

Ya se les diga tajadas o "fritas de maduro" (como se les llama en mi tierra tachirense) pocos manjares me resultan mas deliciosos que este. Las prefiero blanditas y muy dulces, preparadas cuando ya la concha del plátano esta negra y a su alrededor pulula la drosophila melanogaster, aunque también me agradan duritas, poco dulces, hechas con el plátano pintón. Esta delicia, barata y recursiva, va asociada a dos recuerdos muy gratos de mi vida.

Quizá el recuerdo más antiguo que tengo va asociado a las tajadas. Evoco claramente ir avanzando acompasadamente, con el piso frente a mi mostrando la textura del cemento pulido amarillo, luego subir un escalón en cemento rugoso pintado de rojo carmesí, para luego transitar las baldosas de terracota desgastadas y de superficie irregular. Iba gateando, guiado por un delicioso olor que emanaba de la cocina, en una tarde soleada y tranquila. Recuerdo haber pasado a ese recinto de placeres, la cocina, con su piso grisáceo de cemento, y haberme acercado a las piernas de mamá, muy blancas y gordezuelas, con la presencia eventual de algunos cañones. El olor se hizo más fuerte, mi mamá freía tajadas. Me sujete a sus piernas y me puse de pié (según recuerdo, no era la primera vez que lo hacía) y mire en contrapicado el cuerpo de mi progenitora, increiblemente esbelto comparado con mis recuerdos posteriores. En ese momento mamá soplaba (para enfriarla, supongo) una tajada, pequeña, dorada, brillante, que sonriendo acercó a mi boca e ingerí con fruición. Aún el recuerdo me acerca al nirvana. Esa explosión de dulzura untuosa, suave y firme, dúctil y fibrosa a la vez, quedará marcada en mi mente hasta el último de mis días.

El segundo recuerdo imborrable es más reciente y racional, y como sucede en la adultez, menos bucólico; aunque en este caso, coronado por un felicísimo final. Me encontraba en Barquisimeto, realizando mis pasantías en el Ince Construcción. Por cuestiones administrativas, mi primer sueldo de enero de 1990 recién iba a ser cobrado en febrero de ese año, por lo que tendría que pasar todo el mes sobreviviendo con el dinero que tenía guardado, vale decir, casi nada. No tenía a quien recurrir, me daba vergüenza pedirle dinero a mis padres o hermanos, no conocía a nadie que pudiese darme un trabajo eventual, como las clases particulares o los turnos de cajero de heladería que constituían mi fuente de ingresos usual en San Cristóbal. Cierto sábado, tenía dos días sin comer. Me atormentaban imágenes de enormes platos de canelones de ricotta con espinaca, de chuletas de res rezumando jugo sobre las papas fritas, de muslos de pollo tamaño pterodáctilo horneados y festoneados de pimentón y, por supuesto, de un gargantuesco plato de tajadas bien maduras espolvoreadas con queso rallado. Trataba de dormir, para acallar el hambre, y soñaba con ñoquis, helados, pizzas y hamburguesas, y el sueño se transformaba en sudorosa tortura. Sólo, en esa casa huera y desangelada, escuché el timbre de la puerta y abri malhumorado. Era Natalia*. a la sazón novia de mi hermano mayor, que venía a pedirle que la ayudara retocando la pintura del techo de la cocina de su casa, manchado con las caraotas que se esparcieron por todo el recinto cuando explotó la olla a presión. Me ofrecí a ayudar, para distraerme un poco. Y no se si la chica en cuestión notó mi mirada famélica, o si fue una estrategia de mi hermano. El caso es que mientras yo pintaba, ella trasteaba en la cocina. Y al final de la labor, me ofreció lo mas excelso, lo más exquisito, lo más noble, lo mas deseado (al menos por mi) que una mujer puede ofrecer a un hombre: Un enorme plato de tajadas doradas y blanditas, espolvoreadas con queso rallado.

* Pesudónimo

13 junio 2010

Séptimo Día

La literatura, la música, la tradición oral, están llenas de alusiones positivas al día domingo. Se relaciona con descanso, pero también con alegría, paseos, risas, jolgorio, diversión bajo el sol, deporte, unión... casi que es imposible pensar que si se es niño, y es domingo, no pueda pasar nada que no sea maravilloso, el clímax de la felicidad, un colorido nirvana de alborozo.
Mis recuerdos de los domingos en mi niñez son totalmente opuestos a todo eso. Odiaba la llegada de ese día, porque despues de las 9:30 a.m. cuando culminaba el capítulo de "Patrulla del Espacio", que era la única cosa interesante para mi que ocurría, comenzaba el goteante y cansino transcurrir de las horas en medio de un aburrimiento agobiante, el día transcurría sencillamente deseando que llegase el lunes para asistir al colegio. ¿Suena insólito? tal vez si describa un poco el ambiente de esos domingos pueda tener sentido tan anormal conducta.
Provengo de una familia matriarcal, controladora, castrante y represiva, con una madre todopoderosa que imponía su retorcida visión de la vida a todos los miembros de la familia (incluyendo a la fámula de turno) y un padre trabajólico para quien los fines de semana eran sinónimo de estarse echado en cama o en un sillón, en piyama, leyendo y dormitando. Yo no tenía lista de prohibiciones. Tenía lista de permisos, que era mucho mas corta. Todo estaba prohibido. Jugar en la calle, tratar otros niños que no contasen con la aprobación materna, mojarse, hacer ruido, correr... para jugar con algo tenía que pedir permiso, y si las visceras de la todopoderosa matriarca no estaban en vena para ello, pues no se podía jugar con ese juguete, porque era peligroso, o no era debido, o la familia estaba de luto, o simplemente "por que no me da la gana".
Los domingos, por algún motivo, siempre eran calurosos e hipersoleados, hasta la intoxicación. Vivíamos en una casa fea, desgarbada, kitsch, introspectiva, con solo una ventana al exterior (que por supuesto, siempre estaba cerrada) e improvisados huecos entre los tejados, por donde se colaba una luz solar antipática, amarillenta, exasperante, que resaltaba lo paradójico de tener tanta iluminación sin siquiera poder aspirar a una vista exterior. La actividad obligada del domingo consistía en zamparse un opíparo almuerzo y luego calarse la seguidilla de spaghetti western repetidos que constituían el menú vespertino único de la televisión de los 70's, todos sentados muy derechos en la sala de la casa, donde su majestad, un televisor Zenith blanco y negro, reinaba como lugarteniente único del matriarcado. Los predecibles diálogos del esquema vaquero-blanco-bueno e indio-malo eran matizados por el murmullo de las canciones de Elio Roca, Jairo o Palito Ortega que la mucama escuchaba en un radiecito de pila mientras planchaba en un rincón de la sala (no se les permitía salir los domingos, ya que "podían salir con una barriga"), actividad que a mi se me antojaba incluso mas divertida que ver por trigésima quinta vez "Por un Puñado de Dólares" o "El Bueno, el Malo y el Feo". Sin embargo, las lágrimas silenciosas de muchas de las servidoras revelaban lo poco grata que resultaba la tarea.
En ese rígido universo donde todo era acartonado, desde los cuellos almidonados de las camisas hasta la postura que había que adoptar en el sillón, cualquier ruptura de la rutina era bienvenida. Una visita, un temblor de tierra, un ventarrón que derribase la antena, una invasión de hormigas aladas, eran sorpresas bien recibidas que aportaban algo de variedad a ese día que no puedo imaginar de otro modo que una tortura color sepia. Cuando el domingo llegaba a su fin, y se aproximaba el lunes, yo agradecía el hecho de que pronto podría conversar con mis compañeros de clase y escuchar las enseñanzas de la maestra, mucho mas entretenidas que los diálogos de esos previsibles filmes.
No niego que alguna vez hubo algún paseo, alguna visita al parque, alguna invitación a una piñata o reunión, pero ello ocurría con tan poca frecuencia, que el mal recuerdo de esos domingos aburridos solapa cualquier variación. Yo me preguntaba como sería la vida de aquellos niños cuyos padres jugaban beisbol o futbol con ellos, o que pasaban el dia en la calle, jugando metras o trompo con sus vecinos. Ahora que recuerdo, creo que papá jugo ajedrez un par de veces conmigo, e incluso me atrevería a decir que una vez, jugamos monopolio, cuanto yo tenía como 8 años.
Para escapar del agobio, me aficioné a la lectura, y no era raro que devorase un libro completo cada domingo. Despues de haber hecho la primera comunión, asistía regularmente a misa, actividad que me parecía mas divertida que la sobredosis de mala televisión, quejas y caras largas que predominaba en casa. Además, podía ver gente, paisaje urbano, visiones mas amplias que el cuadrito de cielo que desde casa se vislumbraba entre techo y techo. Con los años la situación se fue atenuando, la dictadura se fue suavizando (nunca llego a la normalidad, pero en algún momento se hizo soportable), la programación televisiva se fue diversificando, y fueron apareciendo opciones para los domingos, como estudiar o trabajar. Incluso nos mudamos a un apartamento donde empecé a disfrutar del hasta entonces inédito placer de tener una ventana en mi cuarto. Pero aún no he logrado borrar esa correlación entre domingo y aburrimiento, que de vez en cuando consigue motivos para reafirmarse.

20 abril 2010

Vuelta a la Patria (chica)


No se si fue por el clima benigno, la agenda relajada, el amor de la familia, la alegría de ver a viejos amigos, la sorpresa de descubrir edificaciones y desarrollos urbanísticos que desconocía, la buena compañía o una combinación de todo. Pero esta vez realmente disfrute de mi viaje a San Cristóbal. Quizá este opinando desde la emotividad, pero percibí muchos cambios en la urbe con respecto a mi última visita, en 2008. Aquella alegría inmanente que se respiraba en los 80’s y que parecía haberse desvanecido, las caras sonrientes y la actitud cordial que según recordaba, iban desapareciendo; el boom de la construcción, inédito desde inicios de los 90’s, y una especie de renacer y acendramiento del sano regionalismo, o mas bien sentido de pertenencia, que se refleja en el exhibir con orgullo la franela del Deportivo Táchira o en el permanecer del “usted” en el tratamiento, por citar dos ejemplos.

Fue también un alivio transitar por las calles sin sentirme amenazado por los cornetazos y el reguetón a todo volumen, y por el sempiterno culto a la imagen y mensaje de odio que cultivan Esteban y sus focas. Un apreciado amigo me dijo que todo esto ocurría a costa de la contaminación (que verdaderamente la hay)… pero viniendo de Caracas, casi cualquier lugar de Venezuela parece descontaminado, silencioso, y de tránsito fluido. Otro amigo me dijo que de alguna manera, el cambio en la gestión gubernamental se notaba, y me pareció lógico. Es que si revisamos el historial de gobierno del Táchira (un paquidérmico militar al que solo le interesaba llenar sus bolsillos, precedido por un tiranuelo émulo de esteban, precedido por un grisáceo inoperante, precedido por un desubicado con complejo de star system) veremos que no ha habido mucha suerte en este estado para elegir a su gobernante; así que esperemos que el actual ocupante del Palacio de Los Leones siga por buen camino, a pesar de que lo dejaron sin recursos para dárselos al virreinato paralelo que reporta directamente a Caracas (o a La Habana).

En resumen, fue un viaje que repetiría sin pensarlo dos veces. Detalles menores, como la bulla de los adolescentes cincuentones del festival de motos de alta cilindrada (o algo así) o el retraso de 5 horas en el vuelo de Conviasa, no opacan la brillante impronta de estos días de reencuentro con mi ciudad, mi familia, mis amigos, mi idiosincrasia, y sobre todo de reencuentro conmigo mismo



24 enero 2010

Belisa y su Castillo

Hace poco viví una experiencia que era común en mis años mozos: Ser rebotado de un lugar nocturno por no llevar la vestimenta adecuada, y/o no ser lo suficientemente "beautiful people" según la incontrovertible opinión del portero. Lo curioso del caso es que el sitio donde me rebotaron por mis zapatos de goma, fue la tasca de un Hotel de esos que el régimen militar expropió, en donde se hace alarde de una supuesta inclusión que todos sabemos que es mas discriminatoria y caprichosa que la peor de las segregaciones aplicadas en el pasado.

Pero lo importante del caso es que vino a mi memoria un curioso episodio pretérito, de esos en los que uno dice "¿Y yo me aguanté esto?". Explico:

La historia comienza en 1979, cuando un caprichoso millonario (algunos decían que Rafito Cedeño, el promotor boxístico hoy sumido en la indigencia, el olvido y la insania) comenzó a construir un castillo en la ciudad de San Cristóbal. Independientemente de lo kitsch que pudo resultar esta iniciativa, era llamativo ver esa obra discordante pero no carente de atractivo en plena avenida España, muy cerca del complejo ferial. En cierto momento la obra se paralizó, y fue retomada en 1983 (supongo que luego de haber sido vendida), transformándose en un forzado Centro Comercial de muy bajo éxito, pasillos enrevesados, locales minúsculos, oscuro, aburrido. Nuevo cierre, y comienzo de obras a finales de los 80's, para a principio de los 90's ser inaugurado como "Gran Hotel Castillo de la Fantasía", un uso mucho mas congruente con el carácter de la edificación, y que se mantiene hoy en dia. Y allí comienza verdaderamente este relato.

En 1993, solía salir de juerga con Belisa*, colega y compañera de trabajo, en el plan de dos solteros que se acompañan mutuamente, sin implicaciones románticas ni sexuales. Pero a veces la línea entre compañía y dependencia es muy delgada, y de pronto me encontré pasando mas tiempo con Belisa que con ninguna otra persona, dejando de lado viejos amigos y adaptándome a sus gustos y costumbres; quizás como mecanismo para escapar al tedio inmanente e inmamable de mi hogar, y aprovechando la movilidad y disponibilidad casi 24/7 de Belisa que, dicho sea de paso, vivia a 200 mts. de mi casa.

Y a Belisa le gustaba rumbear en la Tasca "Arenteiro" del Hotel "Castillo de la Fantasía"

Y el ridículo y pueblerino dress code de esa tasca, fijado por su portero, un tipo de aspecto cadavérico y grisáceo, indicaba que se rechazara a los hombres que usaban blue jean (a menos que fueran sus panas, claro)

De modo que la primera vez que intentamos ingresar en el sitio, Belisa pasó invicta y yo, que no uso otro tipo de pantalon que el blue jean desde que tenía como 10 años, me quedé fuera. La llamé para que se devolviera, y lo hizo... para entregarme las llaves del carro y pedirme que la esperara dentro del mismo "5 minuticos".

Y yo, en un acto increiblemente idiota, hice exactamente eso, a sabiendas de que en lenguaje de mujer y en esas circunstancias, "5 minuticos" equivalen a una hora o mas.

Pero si eso fue idiota, lo que ocurrió la siguiente semana carece de definición. Otra vez Belisa se antojó de entrar a la tasca de marras, y otra vez se repitió toda la escena, con exacerbada actitud de perdonavidas del portero quien espetó algo asi como "¿Y usted pretende entrar aqui vestido así?"... Y otra vez me cale una hora y pico de espera en el carro, oyendo en loop mi cassette de Tears For Fears (que pernoctaba en el carro de la susodicha, ya que yo pasaba mas tiempo alli que en cualquier otro lado)

Un par de semanas despues, Belisa realmente me sorprendió. Llegó a casa, y en un vergonzante acto de alianza de género, hizo causa común con mi mamá y mi hermana para intentar convencerme de que ese día usase unos horrendos y calurosos pantalones de lanilla, salidos no se de donde, cosa a la que me rehusé firmemente. Al salir, tomé la precaución de llevarme mi walkman (oliéndome que lo necesitaría), y le advertí a Belisa, con la calma que me caracteriza, que ese día no iba a ir a la dichosa tasca del Castillo, y que si su intención era rumbear allá, mejor me dejase botado en cualquier taguara donde no se obligara a la gente a uniformarse con el disfraz de yuppie de pueblo. De modo que hicimos la acostumbrada ronda por varios lugares... hasta que de modo inadvertido, el carro enfiló hacia la tasca en cuestión. Al llegar, hice lo que en ese momento me pareció lógico. Sin despedirme siquiera de Belisa, salí caminando a paso vivo rumbo a casa. Fué muy gracioso ver, a los pocos minutos, a Belisa gritando y gesticulando desde su carro desde el lado contrario de la avenida, mientras yo, feliz oyendo a Tears For Fears a un volumen tal que eliminaba todo sonido exterior, caminaba a contravía de los vehículos y disfrutaba del aire fresco; a la vez que estrenaba mi recién adquirido embrión de autoestima.

Ignoro si Belisa regresó ese día a la tasca del Castillo, ya que siempre evadimos el tema. Pero a mi, jamás intentó hacerme volver a ese absurdo lugar. Y jamás utilicé esos espantosos pantalones de lanilla, que hasta el día de hoy ignoro quien pagó y de donde salieron.

* Belisa es un nombre ficticio, aunque el personaje y la historia son totalmente reales

13 diciembre 2009

¿Que le paso a la radio en Venezuela?

Hay cosas que van desmejorando progresivamente, lentamente, gradualmente. Y tu, pensando que todo sigue igual, normal. Y de repente algo te hace caer en cuenta y reaccionas y te preguntas ¿Y que le pasó a esto?

No estoy hablando de la situación política, económica o de libertades en Venezuela, aunque el comentarío serviriía. Estoy hablando de la radio en Venezuela.

Si hay que definir un momento en el cual el hacer radio en Venezuela comenzó a depauperarse, yo diría que, paradójicamente, fue con el surgimiento de las FM, en 1989. Yo recuerdo el gozo que sentía al escuchar RSC, 1060 AM, en San Cristóbal. Música balanceada (predominantemente anglo), voces sin estridencia, dosis pequeñas de comerciales, comentarios comedidos y en la medida justa. Nada de monólogos pseudo graciosos y ridículamente locales de media hora de duración, nada de voces falsamente atipladas e impostadamente juveniles. Y mucho menos eso, tan frecuente en la radio venezolana de hoy, de sintonizar una emisora, y oir comerciales 20 minutos, luego diez minutos de perorata del locutor y luego tres minutos de música... antes de dar paso nuevamente a comerciales.

No se si será por la crisis, por el personaje aquel que nos acoquina, o por las dos cosas, pero entre propaganda y noticias relacionadas con el locatario de miraflores se va el 90% del tiempo. Y el otro 10%, en música dudosamente audible. O las mismas viejeras de siempre (que hasta a mi terminan cansando) o lo peorcito de lo que se hace ahora. Y ojo que no estoy hablando de las emisoras "populares". Para esas no tengo calificativo publicable.

Y yo me pregunto ¿Que ocurrió con la radio en Venezuela? ¿No hay nadie que le diga a Chataing que ya esta bueno de repetir sus frases huecas con pretensión de humor urbano? ¿No hay quien le advierta a las emisoras que transmiten para varias ciudades que en Maracaibo o Puerto Ordaz a nadie la interesa que la Cota Mil tenga cola? ¿Habrá quien el diga a Martha Colomina que, por muy horrible que sea lo que actualmente pasa, a veces provoca oir hablar de otra cosa que no sea el innombrable? ¿Quien se atreverá a decirle a los de Ateneo FM que su buena intención de colocar música poco convencional se ve empañada por las muy convencionales imposturas y fingimientos de sus locutores? ¿Y quien le dirá a 92.9 FM que tiene audiencia que supera los 15 años, y de vez en cuando pueden hablar en castellano y no en jerga de colegio caraqueño?

Internet, claro, nos permite escapar de esas dictaduras (por lo menos hasta que lo prohiban) y gracias a ello ahora estoy todo el tiempo que puedo pegado a Radio 24, de Zurich, emisora que me hizo recordar la radio Venezolana de mi adolescencia, cuando el énfasis estaba en la música y no en el ego de los locutores. Y además, gracias a ellos, descubrí que hoy en día se sigue haciendo música grandiosa, solo que las emisoras aqui se empeñan en esconderlo y en quedarse pegados en calle 13 (o calle ciega, o calle 8, o calle la jeta, o como se llamen) y similares.

El Link de Radio 24 aqui: http://www.radio24.ch/

06 diciembre 2009

La tolerancia unidireccional y la (e)lección Suiza

Admiro a los Suizos por muchas cosas. Entre otras su neutralidad, su confiabilidad, y ese modo de hacer grandes cosas calladamente. Y este pasado 29 de Noviembre, Suiza le dio una excelente lección a Europa y al mundo.

Resulta que se llevó a consulta pública la moción de prohibir la construcción de minaretes en Suiza. Y fue aprobada. Algunos lo ven como intolerancia. Yo lo veo como sana prevención.


Hay que estar bastante desubicado (como lo están algunos líderes de la izquierda caviar europea) para negar las pretensiones expansionistas musulmanas, sobre todo en europa (que a este paso, muy pronto deberá ser llamada "Eurabia" como lo predijo acertadamente Oriana Fallaci en un impecable artículo, visible aqui). Y entonces algunos suizos, en su tradicional estilo callado y eficaz, decidieron que no querían ver su entorno urbano -tradicionalmente de baja escala- estropeado con minaretes. o quizás les incomodaba el saber que cinco veces al día iban a escuchar a un vociferante muecín llamado (en árabe) a orar al estilo musulmán; o probablemente entendían, como lo entiende cualquiera con dos dedos de frente, que el minarete es símbolo del poder expansionista musulmán. En todo caso, lograron que se convocara a una consulta, y ocurre que casi el 60% de la polación votante aprobó la prohibición de construir mas minaretes en Suiza. Bien por ellos. Que conste que la prohibición no impide la construcción y uso de mezquitas. Solo los minaretes, al fin y al cabo, no necesarios para la practica del mahometanismo.

Por supuesto, la izquierda caviar europea se rasga las vestiduras, algo predecible. Total, para ellos todo lo que se oponga a Estados Unidos les parece simpático y les genera solidaridad automática. Es inaudito que no se hayan dado cuenta que el discurso musulman busca destruir la cultura occidental y convertir a toda la humanidad al mahometanismo. Si, incluyéndolos a ellos. Se podría decir que esto lo propugna el discurso musulman extremista, pero no el moderado. Y yo pregunto ¿existen musulmanes moderados? Porque nunca se manifiestan. Nunca he sabido de mahometano alguno deslindándose publicamente de Bin Laden y su caterva de terroristas, o lamentándose de las lapidaciones a mujeres por mostrar un brazo o un mechón de cabello.

Pero aun olvidándonos de todo esto, queda un punto por analizar. ¿Por que la tolerancia religiosa debe ser unidireccional? Cuando en La Meca, Riyad o Teheran permitan erigir una estatua de la Virgen María o al menos construir una iglesia cristiana, podrán los mahometanos pedir que se les deje construir minaretes. Cuando las mujeres occidentales puedan salir en pantalones y tomar vino en un pais musulman, entonces se podrá negociar que a las musulmanas se les pernita usar la burca y la pañoleta (chador) en occidente, si les apetece.

Entre tanto, en paises como Afganistan, las turbas ignorantes siguen matando cristianos, por supuestas ofensas al corán. Y nadie dice ni hace nada.

Esta vez, al menos los Suizos se pronunciaron en algo.

06 noviembre 2009

Ortografía Militar


Mi papá, quien estuvo enamorado del estudio de la Historia toda su vida, relataba siempre con algo de guasa el incidente en el que Angel Biaggini, entonces candidato a la presidencia de Venezuela, escribio "Entuciasmo" en una comunicación; causando revuelo e indignación entre la población alfabetizada del pais, y mermando aun más sus magras posibilidades de hacerse con el poder.
En los más de sesenta años que han transcurrido desde entonces, muchas cosas han cambiado en Venezuela, algunas para bien y otras para mal. Y en este último grupo se encuentra el nivel de conocimientos, cultura general y desempeño lingüístico de la población. No solo me refiero al lenguaje hablado, en el que a veces literalmente se necesita un intérprete para entender el pastoso patuá que manejan algunos grupos etáreo-poblacionales; sino también al discurso escrito, que se supone debe estar más pulido, pensado, elevado.
El discurso manejado por los gobiernos militares que hubo en el pasado Venezolano fue evolucionando desde la exhibición de cazurra ignorancia desplegada por Juan Vicente Gómez hasta la pomposa y pegajosa palabrería Perezjimenista, que al menos tenía el mérito de la corrección ortográfica, gramática y prosódica.
No ocurre así en este gobierno militar de ya no tan nuevo cuño. A Gómez podía excusársele por su origen rural y su falta de educación formal. Pero el sabaneitor y sus adláteres recibieron educación gratuita gracias a esos 40 años de democracia que defenestran; y sin embargo no se cansan de hacer impúdica gala de sus desaciertos y barrabasadas, aplaudidos por un corrillo de adulantes rastreros dentro de los que se incluye el ministro de educación, sea cual sea el que en ese momento ocupe el cargo.
Venezuela se ha convertido en un cuartel, donde campea la verborrea imperativa e irrespetuosa, el discurso básico y grotesco, el engreimiento de algunos y la sumisión de muchos. Esta foto de una valla ubicada en uno de los llamados "campamentos de paz" en la frontera con Colombia ilustra de manera penosa esta situación. Mas allá de la curiosa paradoja de que en un "campamento de paz" se haga énfasis en la amenaza y la pugna, el texto es un catálogo de errores de puntuación y adecuación lingüística. Sorprende tanta estupidez en un párrafo tan corto.
Aunque sabiendo de donde procede, realmente ya no sorprende dicha estupidez.