20 febrero 2006

Ya no entiendo el arte conceptual


La imagen de arriba representa dos obras de arte. La Nº 1 se llama "Vaca Blanca Tomando Leche en la Nieve - minimal art space" y la Nº 2 "La Vaca Negra, la Noche Oscura y Yo que No Veo Nada - dark room sensation". Si yo fuera un jovenzuelo con los suficientes contactos (que es lo importante, los méritos no hacen falta) para exponerlas en un evento tipo Salón Pirelli, acompañadas (requisito indispensable) por una extensa memoria descriptiva llena de frases rimbombantes y un discurso angustioso y urbano, ya podría autocatalogarme cono artista, autoinvitarme a eventos llenos de bebidas gratis y "beautiful people" y cobrar millones por algo que no lleva mas de 5 minutos llevar a cabo. Lástima que no es así.

Uno se da cuenta que está envejeciendo cuando cada vez es más difícil que algo nos parezca novedoso, y cuando surgen inevitables comparaciones entre lo que nuestros sentidos captan y referentes del pasado (como en el disco de Maruja Muci que se me parece al Swing Safari). Y no logro que el arte conceptual de nuevo cuño me entusiasme. Me parece tan cansino repetir a Duchamp con sus urinarios y sus caballos de 1929, o a Keith Arnatt portando el cartel de "I'm a Real Artist" de 1969...

A veces extraño un poco el arte convencional, sobre todo cuando por casualidad paso largo rato escuchando a los jóvenes artistas hablando de sus obras, todas son instalaciones o propuestas, ninguna es bella o bonita (eso es un insulto en ese medio); interesante (el mejor halago en el metalenguaje de este grupo) o no interesante son los calificativos suficientes para ensalzar o defenestrar a la obra y su autor. Pareciera que es un atavismo o una vergüenza agarrar un lienzo y pintarlo o una roca y tallarla, y que es un pecado ser dibujante excelso (una vez un pichón de artista plástico se refierió a Dalí como "un simple ilustrador"); todo debe ser multimediático, participativo, pluridimensional, es obligatorio usar elementos poco comunes y parecer original... como si hubiera algo menos original que el deseo de serlo, o cosa peor que creérselo.