18 mayo 2024

...Y las gallinas derrotaron a la gramática.


Hace ya muchos años, dialogando con una persona mayor de origen rural en mi tierra natal, se me ocurrió sugerirle que pusiese su dinero en una cuenta bancaria. Me respondió que era una buena idea, pero que no lo iba a “poner” sino a “colocar” en la cuenta. Yo intenté, con la escasa credibilidad y el nulo predicamento que puede tener un adolescente citadino ante un cazurro campesino andino, explicarle que el verbo “colocar” añadía unos matices de intencionalidad y exactitud que eran innecesarios en ese caso; en el que bastaba con usar el común, cotidiano y extendido “poner”. Su respuesta fue: “pero es que las que ponen son las gallinasnnn” con esa “N” añadida al final, tan entrañable y odiada; tan típica de la ruralidad tachirense.

Con lo cual, había indicios de que en mi lar nativo, el verbo poner había sido secuestrado por las gallinas, para hacer referencia exclusivamente al acto de desove de su especie.

No resulta tan de extrañar, después de todo mi tierra es muy gallinera. Desde el uso muy extendido del toponímico “Pata ‘e gallina”, aplicable a cualquier paraje en el que un camino se trifurca, hasta la afición por el hervido de gallina como aglutinante familiar dominical en el hogar de la abuela; condumio de honor para invitados de confianza, o “matarratón” post parranda.

Así que, medio en broma y muy en serio, a veces cuando intentaba referirme al Táchira, hacía paráfrasis como “el lugar donde el verbo poner es exclusivo de las gallinas” (esto, por su puesto, sin menoscabar ninguna de las virtudes de mi terruño, al que sigo amando incondicionalmente).

Y aquí estoy yo, en pleno 2024, enterándome de que el mal se ha extendido por toda Venezuela, según (entre otras fuentes) el X (antes Tuitter) de la RAE: https://x.com/RAEinforma/status/1526529161816326145 y la investigación “El neologismo poner y colocar en el habla cotidiana de los venezolanos”, de J.A. Rojas Saavedra, publicado en la revista “Cambios y Permanencias” Nº 13 y recuperado de: https://revistas.uis.edu.co/index.php/revistacyp/article/view/13327

De este último escrito, rescato este párrafo, que me parece muy descriptivo y casi demoledor:

“Esta investigación muestra algunas consideraciones puntuales acerca del uso, los inconvenientes, la confusión, la ambigüedad en el significado, las creencias erróneas, la falta de conocimiento, la negligencia personal, la alternancia, la mezcla de usos, las construcciones con formas verbales entreveradas, la ultracorrección por sustitución de sentido y la desemantización o desplazamiento del valor significativo de los verbos poner y colocar.”

Esa terrible costumbre hace que se escuchen involuntariamente expresiones tan ramplonas y disonantes como “Mi hija se colocó malita con la gripe”, “Maigualida, no te coloques otra vez el vestido verde, que lo has repetido mucho”, Ayer me coloqué a pensar si vale la pena colocar plata en ese negocio” y demás frases, que parecen dichas por personas “colocadas” en el sentido ibérico del término, es decir, drogadas.

Así que, por lo visto, ganaron las gallinas.

Y con ese inesperado triunfo avícola, los huesos de mi paisano Andrés Bello, que tanto hizo por la gramática castellana, deben estar dando vueltas en su tumba como un pollo en brasa… o mejor dicho, como una gallina colocada a las brasas.

12 mayo 2024

2 Recuerdos borrados, 1 recuerdo perdido y 1 recuerdo surrealista


Creo que es hecho común la aparición repentina de un recuerdo que se queda rondando en la mente por días, hasta que la dinámica del día a día lo engaveta de nuevo en un baúl de apertura aleatoria, cuya cerradura raras veces funciona a voluntad. Cuando eso me pasa procuro, no obstante, evaluar el recuerdo; buscando darle una segunda vida a aquellos que lo ameriten, y así regresarlos a su baúl con una nueva capa de vivencias.

No obstante, encontrar que ese recuerdo está perdido en un limbo, o que nadie más lo evoca resulta un poco frustrante, y a menuda deja la sensación de que la mente nos está traicionando y tal vez convertimos un sueño o un deseo en recuerdo; cosa que ocurre también. No ayuda el paso de los años, que hace más difícil la diferenciación entre unos y otros.

Así que hoy me propongo, si no arrojar luz, al menos exorcizar por medio de la escritura cuatro recuerdos recurrentes de los que no encuentro evidencia, y en los que tengo mi hipótesis sobre el por qué ello ocurre.


1) EL ARRASE NO FUE SOLO DE LA TIERRA, TAMBIÉN DEL DOCUMENTO: Desde hace tiempo, cada varios meses me viene a la mente un texto que leí en 2000 o 2001 sobre la “operación tierra arrasada”, en alguno de los portales de noticia que estaban en boga en esa Venezuela aun parcialmente encandilada con el oropel de las promesas chavistas; que todavía podían sonar frescas aunque ya empezaban a expeler tufo a descomposición. Recuerdo claramente haber visto en las páginas de analitica.com, de noticias24.com o website similar un texto (que incluso descargué y archivé en su momento) llamado “operación tierra arrasada”. El texto en cuestión, que supuestamente se había filtrado desde las esferas gubernamentales, constituía la hoja de ruta para “refundar la patria socialista” (o algo así de rimbombante y engañoso); lo cual requería eliminar el sistema productivo, cambiar las leyes vigentes, deshacerse de los “inadaptados” que no se amoldasen al nuevo orden gubernamental, etc. El devenir de los acontecimientos posteriores me ha demostrado cuan claramente ha sido seguida esa hoja de ruta, y me ha entrado curiosidad por indagar que otra táctica destinada a permanecer en el poder manejará la dictadura.

El problema es que el texto parece no existir más.

Aparte de que buena parte del material digital que traje en mi migración se perdió en 2017, incluyendo el archivo con este texto; no existe reseña alguna, evidencia alguna, referencia alguna que haya podido encontrar al respecto. Dudaría de la existencia de tal documento, si no fuera porque he confirmado con alguna que otra persona que aún lo recuerda. Para más sinergia perversa, ese guion de como destruir un país fue muy poco leído, supongo que por su paquidérmica extensión y por su ramplonería farragosa (está escrito con esa estilo que mezcla pseudo épica, resentimiento y queja plañidera, tan común en la izquierda latinoamericana, y ahora también, en la norteamericana y española). Ni wayback machine ni las más acuciosas búsquedas en internet muestran nada relativo a este recuerdo, y si referencias similares provenientes de otros países y signadas por el típico libreto de villanización del capitalismo. Pero no me doy por vencido.

 

2) CUANDO ARISTÓBULO DIJO QUE EL VOTO ELECTRONICO ERA PARA HACER TRAMPA: Es cosa común en algunos políticos con más pragmatismo que convicciones (o moral) el cambiarse de partido, “saltar la talanquera”. El fallecido Aristóbulo Istúriz era experto en estas lides, pasando de AD al MEP, luego de nuevo AD, seguido de Causa R, luego PPT hasta recalar en el puerto seguro del PSUV institucional chavista. Durante sus tiempos de PPT, este partido era parte de la quincalla ideológica que se aglutinaba en torno a Chávez, y que incluía desde el partido comunista hasta la derecha militarera rancia.

Hubo un breve tiempo en que por algún motivo el PPT disentía de las políticas de aquel reyezuelo caprichoso y omnipotente en que devino el susodicho Chávez a su retorno al poder luego de abandonarlo cobardemente en 2002, cuando aquellos incidentes en los que, mediante un código de fácil interpretación en una insufrible cadena televisiva, ordenó a sus sicarios de Puente Llaguno disparar a los integrantes de la marcha opositora que exigía su dimisión. Durante aquel tiempo (2003 o 2004), Aristóbulo Istúriz dio una entrevista al canal televisivo Venevisión en la que, en referencia al nuevo sistema de voto electrónico que estaba por implementarse, por parte de para el aquel entonces integrante “neutral” del Consejo nacional Electoral Jorge Rodríguez (ficha dura del chavismo radical más absolutista, luego de quitarse su mal aplicado barniz de imparcialidad) y la empresa Smartmatic. En aquella entrevista, Aristóbulo dijo algo así como “esas máquinas de votar son una trampa, porque si le mueves la palanquita para acá, el voto viene para acá y si se la mueves para allá, el voto va para allá”. La persona que veía esa entrevista conmigo (lamentablemente ya fallecida) comentó que eso hubiera debido grabarse, para poner de manifiesto el fraude que seguramente iba a ocurrir… y que efectivamente ocurrió (y siguió ocurriendo)

Nadie más que conozca recuerda esa entrevista, y he encontrado un total de cero alusiones a ella en la red. Es más, ni siquiera he encontrado referencias a esos tiempos en lo que Aristóbulo pudo ser considerado como parte de la oposición. Los panegíricos que ha escrito el oficialismo luego de su muerte obvian su pasado da saltos partidistas y sus tiempos (semanas, quizás pocos meses) de oposición al todopoderoso régimen que destruyó, y a esta fecha sigue destruyendo, a Venezuela.


Para estos dos casos, creo saber lo que pasó: La contratación del borrado digital. Hay diversidad de empresas que, luego del correspondiente pago, se encargan de gestionar el borrado de los post, datos, etc. que no sea necesarios para los fines que fueron recogidos. Esta laxa definición abre la puerta a la posibilidad de que alguna(s) de las muchas compañías que se dedican a este fin y que ofrecen servicios como borrado de noticias de internet. Y esto es pan comido, considerando la ingente cantidad de recursos con la que cuenta el régimen; recordemos que en la Venezuela chavomadurista, el estado es el gobierno, por tanto este cuenta con todos los recursos nacionales a su disposición.

 

3) EL RECUERDO PERDIDO DEL HOMBRE CON CARA DE CULO: En 1993, con una internet incipiente y una telefonía móvil en pañales, las guías telefónicas reinaban como los vademécum absolutos de los números de teléfonos de los usuarios. Para facilitar la comprensión de aquel lector (de haberlo) nacido despues de los años 90s, explico que en aquella sociedad primitiva no estaba extendido el uso de la telefonía móvil, no había ningún dispositivo electrónico que almacenase los números de teléfono de nuestro interés, y nos comunicábamos usando un teléfono fijo, obsoleto aparato que no iba dentro de nuestros bolsillos sino fijado a la pared o ubicado sobre una mesa en casas, oficinas, etc. Dado que no había un lugar electrónico donde consultar los teléfonos si necesitábamos llamar a una persona, oficina, comercio o institución, recurríamos a la guía telefónica, un índice físico, impreso (¡horror!) que listaba los nombres del propietario de la línea y su teléfono respectivo, ordenado por ciudades. Las líneas personales estaban en las páginas blancas, y las comerciales en las páginas amarillas. En aquel año, la guía telefónica vigente en la ciudad donde vivía (San Cristóbal, estado Táchira, Venezuela) incluía los estados de la región andina, Táchira, Mérida y Trujillo.

Esta larga introducción busca contextualizar el hecho de que en la guía de ese año, alguien hizo una broma pesada, de modo que el nombre (que no recuerdo exactamente) de uno de los propietarios del línea del estado Mérida figuraba asi:

Marcano González, Juan Antonio CARA DE CULO…… 789 12 00 34

El tema propició bromas e hipótesis varias, y creo recordar que el destinatario de la broma demandó a la compañía telefónica y recibió una compensación económica acorde.

Lo malo es que ninguno de mis amigos lo recuerda.

En este caso, también he buscado en la red, sin resultado alguno. Si no permanecieran de modo tan vívido en mi mente las imágenes de cuando, animados por alguien que nos dijo “vamos a buscar en la guía al tipo al que le escribieron cara de culo”, un grupo de amigos encontramos la referencia y estuvimos riéndonos juntos un buen rato, diría que es una traición de mi memoria. Pero en el próximo caso, esa sensación se acentúa más aún.

 

4) LA ESCENA DE “BLUE VELVET” QUE NUNCA EXISTIÓ: El día en que fui al cine a ver “Blue Velvet” en 1987, más de la mitad de los asistentes abandonaron la sala a lo largo del filme, quizás incapaces de entender la mordiente trama o las sutiles referencias. Era en general un público más acostumbrado a la acción de “Rambo” o al sentimentalismo barato de “La Hija de Nadie”. Pero yo y quienes fueron conmigo estábamos atornillados a la butaca, arrobados por lo diferente, por lo inusual. Era como un accidente vial con muertos, te puede parecer horrible pero no puedes dejar de verlo. Uno de los aspectos que más me cautivó del film es su imposibilidad de fijarlo en una década específica. Los modelos de vehículos y la vestimenta de los actores parecen referirse a los años 50s o 60s… hasta que hay una escena (no fundamental en el film) de unos negritos paseando con un boombox y escuchando rap a alto volumen que sitúa al espectador en la década de los 80s sin ninguna duda.

Esa escena no existe.

Al menos es lo que infería luego de ver Blue Velvet de nuevo en 2022 y no encontrar la escena, y tampoco referencia alguna a la misma en ninguna de las críticas de la película. Llamé a una de las personas que fue conmigo a la función para preguntarle específicamente si recordaba la escena… y si la recordaba; incluso rememoró como estuvimos hablando de su importancia para desconcertar al auditorio dentro de la trama. Pero no he encontrado manera de ver nuevamente la escena en cuestión.

Al final, parece lógico que una película tan fumada tenga asociado un recuerdo (o no-recuerdo) tan surrealista.

30 marzo 2024

Libros fuera de tiempo

 

En 1987, cuando las cosas ocurrían de forma mucho más despaciosa que en este mundo post milenarista, leer lo que estaba de moda no era tan difícil. A lo mejor se reseñaban tres o cuatro novedades importantes al mes, y no cincuenta. Y por algún motivo, al menos en mi vivencia personal, aún trabajando a destajo; tenía más tiempo y más dinero disponible, con lo que no me resultaban tan cuesta arriba adquirir libros.


Una de las obras que si logré comprar en el auge de su popularidad fue “La Insoportable Levedad del Ser”, de Milan Kundera. En 1987 comencé a leerla… y la abandoné en la página 37. No logré conectarme ni racional ni emocionalmente con la trama del libro, que en aquel momento me pareció una farragosa mirada al ombligo, algo parecido a un culebrón desprovisto del drama; como si un escandinavo típico quisiese escribir una telenovela.

En 2001 la retomé y me la devoré de un tirón; además la entendí y me gustó. Estoy casi seguro de que en 1987 no tenía la experiencia ni la vivencia necesarias como para leer esa obra. Como diría mi amiga Mariela Hernández, me faltaba burdel. Fue un libro fuera de tiempo, y afortunadamente con los años pude compensar los trozos de vida restantes para conectarme con él.

Tenía esa referencia en mente cuando, hace unos días, adquirí en una librería de segunda mano “El Club de la Buena Estrella”, de Amy Tan. Dado que en 1993, esa fue una de las películas que se quedó en mi lista de deseos postergada (lista que desde hace algunos años me empeño en reducir), consideré que leer el libro era una idea aún mejor que ver la película… Y ocurrió que mi energía empleada en darle una oportunidad al libro para atraparme luego de un inicio que me resulto blandengue e insípido -algo así como un atol con poca azúcar-, se agotó en la página 72.

Y creo que en este caso también me encuentro ante un libro fuera de tiempo, pero por otros motivos. Una obra tan femenina, escrita por una mujer para (aparentemente) ser leída por mujeres, referida a la vida de mujeres; donde las figuras masculinas son meras piezas de decorado contextual, podría tener sentido y gustarme en el siglo pasado. Pero en la sociedad occidental actual, fuertemente ginocéntrica, en la que la masculinidad convencional resulta casi un delito, en la que en algunos países (como es el caso de España) el hombre ha perdido el derecho a presunción de inocencia en los juicios que se cataloguen como “violencia de género” (y que pueden incluir cosas tan inofensivas y baladíes como un piropo o la temperatura a la que se regula la climatización); me pareció casi un acto reivindicativo y de equilibrio no leer tal obra. Evidentemente, la autora no tenía en mente el retorcido giro misándrico que tomaría la sociedad futura el escribir su obra, y obviamente, el hecho de no leerla no contribuye en nada a modificar la situación… Pero no logré superar la sumatoria de una trama sesgada en el contexto de una sociedad sesgada como para continuar la lectura.

Aunque en amas obras me refiero a “libros fuera de tiempo”, en el caso de Tan, a diferencia del de Kundera, los motivos para abandonar la lectura dependen más del entorno que de las características del lector.

¿Cambiarán las circunstancias de manera tal que hagan grata en un futuro la lectura de “El Club de la Buena Estrella”? Ojalá… 
 
¿Cambiaré yo de manera tal que, pasando a ser un “entusiaste” del wokismo y del “me too”, abjure de mi condición masculina y me transforme en un “aliade” del neofeminismo y por tanto, privilegie las autoras femeninas en mis lecturas, solo por el hecho de su genitalidad? Me cuesta imaginar una peor pesadilla…


26 diciembre 2023

Una vida de fábula

 

Un día fui a consultar a un famoso taumaturgo que me auguró que yo, Zoyla Cegarra, llevaría una vida fabulosa (o al menos eso creí entender).  El hecho de ganarme un importante premio en la lotería esa misma noche me convenció de su infalibilidad, así que al día siguiente abandoné al trabajólico de mi novio, dejé atrás mi vida gris y anodina de secretaria y corrí a comprar boletos para viajes de placer además de ropa lujosa, perfumes caros y todos los caprichos que siempre había querido darme sin que mis magros ingresos lo permitiesen.

 

Al regresar, tres meses de locura después, constaté que un anónimo hacker había vaciado mi cuenta bancaria, dejándome en la quiebra.

 

Tragándome mi orgullo, volví a casa para pedirle a mi ex que perdonase mi error juvenil y retomásemos la vida juntos. Me abrió la puerta una mujer a quien yo conocía, Elba Chacón; compañera de trabajo de mi ex novio, tan trabajólica como el… y que en el interín había pasado a ser su esposa, como ella misma se encargó de informarme sin reflejar emoción ninguna en su cara chata y fea antes de cerrarme la puerta en las narices.

 

Hoy, mientras rumio mi miseria en el refugio de gente sin hogar en el que me encuentro; muerta de hambre y de frío como condición permanente, mis días transcurren cavilando sobre que me llevó a interpretar como “fabulosa” la expresión “de fábula”, que fue la que realmente dijo el brujo y paso mis noches lanzándole maldiciones a Esopo, Samaniego, La Fontaine y todos esos que escribieron y reescribieron la fábula de la cigarra y la hormiga que hoy sufro.


Porque me fuí de Venezuela

La respuesta es simple: Escapando del chavo-madurismo

Y la explicación es la siguiente (para aquellos que no temen leer más de 150 caracteres)

Esta historia no es trágica, ni siquiera impresionante u original, es simple, como si a la proverbial rana de la conocida anécdota del agua que se va calentado hasta hervir, se hubiese escapado de la olla antes de que fuese demasiado tarde.

Confieso que en mi adolescencia tuve mi acercamiento ideológico a la izquierda civilizada, representada en aquel entonces por Felipe González en España, François Mitterrand en Francia o Teodoro Petkoff en Venezuela; pero al tomar conciencia de cuan aguda es la izquierda para criticar, defenestrar en manifestaciones, obras plásticas o musicales y ridiculizar a los gobiernos tiránicos de signo opuesto (Pinochet, por ejemplo); versus su ceguera para atreverse a tocar ni con el pétalo de una rosa a las tiranías afines (Fidel Castro es el caso emblemático), decidí alejarme de esa tendencia.

Mientras viví bajo el signo del chavismo en Venezuela, siempre sentí estar nadando contra corriente. Mis progresos laborales y económicos se aplanaban ante un entorno caracterizado por su moneda cada vez más débil, su tejido cultural cada vez más provinciano y endogámico, la progresiva desaparición del acceso a ciertos elementos propios de un país sano y globalizado, y la creciente inseguridad.

Cuando en 2009 finalmente pude viajar fuera de Suramérica por primera vez (anteriormente, solo había viajado brevemente a Colombia y a Argentina; el alcance de mis viajes estaba signado por motivos económicos), caí en cuenta de la abismal brecha en calidad de vida que existía entre mi país y otras naciones que si habían entrado en el siglo XXI. Esta impresión se consolidó en mis sucesivos viajes de 2011 y 2013; año en el que tomé la decisión de irme de Venezuela; a pesar de tener factores en contra como mi edad, entre otros.

Hay tres elementos (de muchos) que quiero citar como los motivadores primordiales de tal decisión:

1)     1) El circo montado con la muerte de Chávez, y prolongado con el descarado robo de las elecciones de 2013, ante una oposición que me lució excesivamente ingenua, poco combativa y si se quiere, cómplice.

2)      2) El creciente poder e influencia de los militares y cúpula chavista, exhibido impúdicamente, y aceptado (disfrutado, incluso) por muchos juanbimbas en una especie de síndrome de Estocolmo general.

3)     3) La deliberada (y tristemente exitosa) estupidización progresiva de la sociedad, a través de un diseño curricular educativo cada vez más pobre y poco exigente; con el contubernio de unos medios de comunicación cada vez más chabacanos, ramplones, carentes de identidad y desprovistos de oferta cultural.

Aparte de esto hay situaciones anecdóticas puntuales, como la muerte, por atraco a mano armada, de un vecino frente a mis ojos en la puerta del edificio en que vivíamos (en un sector anteriormente clase media que se depauperó con la invasión de un edificio por okupas pro gobierno y la construcción de un megabloque de viviendas para malandros chavistas en las inmediaciones) y la destrucción de mi automóvil por una lluvia de pedradas -peñonazos más bien- venidas desde el barrio marginal (villa miseria, favela) adyacente al estacionamiento de dicho edificio sin motivo conocido alguno -excepto la envidia- y sin que se pudiera hacer nada al respecto; todo esto actuó como detonante hasta que en 2016 finalmente pude emigrar.

El resto, cualquier migrante venezolano no enchufado lo sabe, porque es similar para todos. La dificultad inicial, el surgir paulatino y sobre todo, la sorpresa al ver como ha calado y se ha extendido el discurso miserabilizador del castrochavismo en otras tierras.


12 septiembre 2018

Mi pais ya no existe

DesolaciónAl menos para mi.

De el solo queda:
La herida abierta
Lo que ocupa el espació geográfico donde alguna vez existió
Los millones de terabytes en archivos sensoriales guardados en el disco duro de mis neuronas
Y todo lo que no entró en la maleta de 23 Kilos.

29 septiembre 2016

A Caracas


Con amoroso odio (u odioso amor):

Caracas: Tu, que guardas la gracia marchita de quien ha vivido mejores años y hoy apenas se mueve entre la telaraña que tejen miedos y carencias, creo que ignoras tu carácter de intermediaria de sueños, de plataforma de lanzamiento hacia el futuro desde cualquier rincón de la provincia, y desconoces tu vocación -recientemente acendrada por motivos que mejor callo- de trampolín donde se aprende a saltar esquivando amenazas imaginarias y reales peligros, eludiendo motoristas, malandros y mendigos, separados o reunidos en maléfica trinidad de nuevo cuño, en rutina interminable que perdura hasta que un salto riesgoso y definitivo nos lleva para siempre lejos de ti.

Pero también tu, otrora descrita como la sucursal del cielo en un país que ya no existe ni de nombre, tal vez queriendo o tal vez porque si, en cada gambeta, en cada pirueta, nos regalas el sol matizando el arco iris sobre ese cerro Ávila que no quiere cambiar de nombre, el relámpago azul que en lugar de tronar, grazna en una bandada de guacamayas, la máquina del tiempo cuajada en espeso y fresco dulzor de la mano de un anacrónico chichero que nos hace tener nueve años hasta consumir la última gota; el barniz de sofisticación inoxidable que riela en aquellos que se resisten a ser arrastrados por el vórtice degradante que te mancilla pintando enormes ojillos perversos de gran hermano en muros, fachadas y camisetas; nos restañas el dolor y el hastío que tu misma nos causas con tu tráfico y tu tráfago con una pincelada de arte urbano o un inesperado olor a guanábana.

Hoy quien suscribe, a punto de quemar sus naves para presentar el examen que evaluará su capacidad de supervivencia y su madera para recomenzar vida en el seno de una madre más bien ajena; no quiere dejar pasar la oportunidad de decirte que aunque el mismo impulso que lo trajo aquí, lo llevará de aquí, irremediablemente parte de su roto corazón se quedará en ese trampolín que eres tú.

Para finalizar, quiero pedirte algo: Sé que para tus habitantes, el acercamiento a los números va más por adivinar cual terminal o triple de lotería jugar para así resolverse la vida, la quincena o el día, que por el análisis de las estadísticas; sin embargo te ruego, te suplico, te imploro que, siendo el venezolano número dos millones trescientos cincuenta mil doscientos trece que, contando desde que decidiste renunciar a entrar en el siglo veintiuno, se marchará a vivir sus atardeceres y amaneceres en otras latitudes y longitudes, no permitas que sea uno más de la desconocida y abultada cifra de los que, por robo, sicariato, resentimiento o recreación, son enviados al lugar de donde no se vuelve jamás.

Con la esperanza de algún día verte con los ojos de Massiani, Campos Biscardi, Frómeta y todos los que te describieron, pintaron y cantaron cuando eras libre, limpia, contemporánea y vivible, me despido, no sé si hasta pronto o hasta nunca…

11 septiembre 2016

Un corazón delator 13 años despues

Siempre me ha gustado escribir tanto como leer. Ahora lo tomo como reto o diversión; en otros momentos de mi vida fue catarsis o estrategia para parecer más interesante (ingenuo yo, que no había descubierto que a esas edades, lo que hace a los hombres interesantes es el músculo, el bronceado y el dinero). Tal vez en el futuro sea fuente de ingresos, o al menos a eso aspiro. Recuerdo a los 17 o 18 años escribiendo textos inspirados en los relatos de ciencia ficción que leía, a mano son bolígrafo sobre hojas de cuaderno. Alguno de ellos queda por ahí. Antes solía escribir invectivas contra las personas o cosas que me hacían la vida un poco pesada, usualmente mi madre o algún condiscípulo: estas cargas concentradas de veneno plasmado en letras se autodestruían (en mis manos) a los pocos días.

Ahora, que estoy en fase de cierre de ciclos y de "dejar ir" que llaman, pues me he tropezado con algo que escribí en 2003. Y no quise dejarlo ir. No tenía título y aún no lo tiene, y aunque habla de un corazón delator (como el de Poe y el de Soda), no creo que pueda cometer el sacrilegio de llamarlo así. De modo que con o sin título ahí va:

Lo peor no era el olor a ajo, a orín y a madera podrida que imperaba en la oscura estancia; lo suficientemente clara, no obstante, para que el extraño –siempre uno por sesión- pudiese admirar el imponente cuerpo de Aquel antes del acto.

Lo peor, estoy seguro, tampoco era el retumbante sonido que parecía provenir de todos lados, quizás de unas cornetas ocultas tras alguno de los indistinguibles objetos que colmaba el recinto, la misma canción una y otra vez, imposible de determinar si era vieja o nueva, inidentificable para casi todos los fugaces invitados.

Aunque en un momento podría parecerlo, lo peor tampoco era el canturreo que provenía de no se sabe donde. Con una bronca voz, que solo tras un gran esfuerzo –para quienes querían hacerlo, que no eran muchos- lograba asimilarse con la letra de la canción eterna, del exasperante ritornello, que no cesaba (como tampoco cesaba el canturreo) ni en los grotescos preliminares, ni en el máximo fragor, ni en el asco (o miedo, o las dos cosas) posterior. Después de eso, imposible que el visitante lo supiera. Tampoco importaba, de cualquier modo.

Muchos sentirían que lo peor era la creciente violencia con la que eran tratados en un acto que exige algo de delicadeza, esa insólita sensación de entrañas reventadas –las propias- ese indeseado momento en que el dolor le gana la carrera al placer, en el que se anhela sentir las contracciones que conducen a la liberación del suplicio y que, al fin y al cabo, son el motivo último y único que llevó al huésped ¿o debo decir a la víctima? al sórdido altar de pasión y sacrificio.

Para otros, tal vez los más sensibles, lo peor era darse cuenta de la subrepticia presencia del otro convidado, el de piedra, el que no habla ni se mueve, del que solo se ve su ojo –en noches excepcionalmente claras se logran ver los dos- resplandeciente y ávido. Algunos, aturdidos por la bebida, la droga o el morbo, disfrutan de la presencia del otro. Otros temen. Alguno vomitó, creo. Pero ninguno pudo escapar.

Los que hasta entonces habían resistido, terminaban desfalleciendo al sentir primero el rápido movimiento de retroceso, y luego ver que la herramienta preciada que hasta entonces medraba en las cálidas cavernas de innombrable anatomía, pasaba a ser alimento y golosina del otro, quien con fruición exprimía y tragaba hasta la última gota de lo que sobre ello estuviese posado y desde ello fluyese. Entonces ocurría el guiño pueril en el ojo del otro, que podía interpretarse como escarnio, burla o placer. Casi siempre esto era lo peor.

Este era perspicaz y astuto, ligeramente ilustrado y mayor (aunque no parecía) que el común de los elegidos. Había leído (entre otros) a Poe y a Borges y había escuchado (entre otros) a Soda. Por eso para este lo peor fue perderle el gusto al fragor del encuentro al verse iluminado por la absurda y banal –pero no por ello menos horrible- paradoja de estar escuchando “Corazón Delator” mientras se trenzaba en una lucha visual con el ojo vivaz (esa noche se veían los dos) del otro. Tal vez por ello (o solo por ello) Este, escurriéndose por pasadizos y viviendo peripecias dignas de otro relato, cambiaría y contaría la historia.

Capturado Aberrado Sexual en Barrio Creta (Prensa Local).- Un asustado joven de 17 años, cuyo nombre se reserva por razones legales, dio parte a la policía de un curioso relato que motivó la captura de un presunto desviado en el sector “Barrio Creta” de esta ciudad. El ya bautizado popularmente “monstruo de Creta” solía visitar los parajes donde pululan malvivientes y los bares de mala reputación plagados de invertidos sexuales en esta bucólica localidad, donde acostumbraba seducir y llevarse a un joven efebo para dar rienda suelta a su morbosa obsesión sexual, inmoral e impublicable. El sátrapa había construido una suerte de laberinto en el sótano de su elegante vivienda, donde solía someter a sus inocentes víctimas a toda clase de vejámenes sexuales, para luego asesinarlos con un filoso cuchillo y dejar sus cadáveres pudriéndose en el sitio. Un cuidadoso examen practicado por las autoridades arrojó la presencia de mas de 35 cadáveres en distintos grados de descomposición. Por otra parte, el inhumano criminal mantenía retenido en ese sótano a un anciano cuyo parentesco con el indiciado se ignora. El anciano no ha podido aportar mayor información, y aunque se nota bien alimentado, su afasia y el hecho de ser ciego de un ojo indica posibles maltratos ocurridos tiempo atrás.

En el laberíntico sótano fueron encontrados diversos objetos de variopinta procedencia, incluyendo un laptop conectado a unas enormes cornetas, cuya única función parecía ser reproducir una y otra vez el único archivo hallado en el disco duro del equipo, corazon_delator.mp3.


El presunto criminal carece de todo tipo de identificación y aparentemente se encuentra en pleno dominio de sus facultades, si bien al ser interrogado sorprendió a las autoridades policiales de esta localidad con su declaración. Cuando se le pregunto su nombre, respondió “Me llamo Asterión. Puede llamarme Minotauro, si gusta”.


17 abril 2016

Toda benesuela es ahora mata 'e quinchoncho

Si uno googlea “el burdel del Caribe”, así entrecomillado, suelen aparecer en las primeras páginas algunas referencias a Cuba, y ninguna a Venezuela. Y se me ocurre que el motivo de ello no tiene tanto que ver con que este maltrecho país  no merece este apelativo, sin más bien con el hecho de que burdel barato no se nombra. Y paso a dar un ejemplo de este aforismo.

En los años juveniles vividos mi ciudad natal, recuerdo la existencia de tres establecimientos dedicados al comercio sexual: “La Gioconda”, el más caro, poblado de hetairas (caleñas muchas de ellas) de generosas caderas y esféricas tetas de la era pre-silicona, mujeres jóvenes en edad o en apariencia, dotadas de cimbreante andar y una cuidada técnica que no develaba abiertamente la estrategia de acelerar la eyaculación del cliente, de modo que se pudiese atender a un mayor número de visitantes, con lo cual se aumentaban los ingresos.

Luego estaba “Bello Campo”, una suerte de Lado B del anterior, muy similar aunque algo más barato, quizás con damiselas un poco ajadas, menos expertas, en las que se permitían toques de cotidianidad como algún diente faltante, cierta bizquera o algún taco en las conversaciones. Estas eran las dos opciones que se mencionaban cuando algún turista o familiar visitante requería información sobre tales servicios, teniendo cada una de ellas sus defensores y detractores en virtud de parámetros como ubicación, costo y atención.

Pero también estaba “Mata ‘e Quinchoncho”. Un botiquín que ocupaba una casa fea, vieja y desangelada, en una zona deprimida de la ciudad. No tenía ni siquiera nombre  propio, y su planta epónima era un tocón reseco desde hacía ya varios lustros. Era refugio de estudiantes, oficinistas de medio pelo, trabajadores subpagados y pelabolas en general. La edad promedio y el diámetro abdominal de las anfitrionas superaban ampliamente los baremos de los locales antes nombrados. Allí iban a  dar las trabajadoras que ya no tenían cabida en los burdeles de más categoría y, como es lógico, sus tarifas eran solidarias. Muy solidarias. Era este un lugar al que se iba furtivamente y del que se negaba rotundamente su conocimiento; cuando se hablaba del mismo, siempre se usaba un tono de guasa acompañado de una mirada cómplice, como quien se refiere a la marihuana.

Ir a La Gioconda o a Bello Campo constituía motivo de orgullo, las altas tarifas allí requeridas evidenciaban la prosperidad del visitante y su disposición a darse buena vida, por lo que las virtudes de las damas allí presentes solían ser ensalzadas con barrocas y excelsas descripciones, siendo común el uso de eufemismos como “damas de la noche” o “cortesanas” para catalogar su oficio. Por otra parte, a Mata ‘e Quinchoncho siempre se iba a “sacarse el queso”, y no era raro oir en las anécdotas contadas al respecto (que solían salir a flote sobre océanos de alcohol) catalogaciones como “esa gorda de mierda”, “la vieja mamaguevo” y por supuesto, a cada instante la palabra “puta”.

Mi reciente viaje a Barcelona (la de Venezuela, se entiende) por cuestiones de trabajo, me hizo percibir como nos estamos convirtiendo en una suerte de mata ‘e quinchoncho de la región, (aunque con una fundamental diferencia: la hermosura de la oferta local) deviniendo en una locación especializada en calmar las urgencias prostáticas de los árabes y asiáticos que debido a las políticas de “la nueva pedevesa socialista” se han convertido en magnates de nuevo cuño. A estos se unen los brasileños, guyaneses y trinitarios que aprovechan el insólito rendimiento de sus divisas en esta caricatura de economía para tener acceso, entre otras cosas, a los servicios de mamacitas venezolanas a muy bajo costo.

Una mañana, a las 5:30 am noté como al hotel donde me alojaba a compañía para la que trabajo, hotel que tiene ínfulas de 5 estrellas (una noche allí cuesta 4 sueldos mínimos venezolanos), ingresaba una muy joven beldad, acompañada de su respectivo proxeneta, quien se abría paso entre porteros, recepcionistas y vigilantes a punta de dádivas; el objetivo era entregarla “en sus manos” a un caballero de rasgos arábigos quien prepagó de inmediato el servicio desembolsando la para él despreciable suma de diez dólares. Diez miserables dólares que equivalen para el destruido bolsillo venezolano a un mes y pico de sueldo mínimo.


Comentando el incidente con el taxista que luego me traslado a mi sitio de trabajo, éste (sabelotodo como buen taxista) me dio detalles sobre el costo del servicio en moneda local (12.000 Bs por hora) y manifestó conocer representantes que ofrecían tarifas más altas, si bien la caracterología del producto ofertado en todos los casos era “máximo nivel, puro lomito”. Creo que para el cliente extranjero, sin embargo, hablar de lo vivido aquí es algo tan vergonzoso como admitir que se visitó mata ‘e quinchoncho. No da prestigio contratar una prostituta que resulta tan barata, por muy hermosa y núbil que sea. En el sempiterno burdel del Caribe, las tarifas son más elevadas. Y las putas saben hablar inglés.

* La grafía "benesuela" en el título es un modo de retratar aquello en lo que ha devenido Venezuela durante este régimen. Una versión marginal, descuidada, estupidizada de si misma.

29 marzo 2016

... Y me dió por escribir un haiku

¿habrá conjunción planetaria? ¿o el súbito despertar de un vórtice de energía? No se si el origen es tan poético y místico o algo tan estéril como una casualidad estadística.

El caso es que hoy, pro primera vez en muchos años, tuve unos minutos libres sen mi trabajo. En ese trabajo que me gusta mucho pero que me mantiene con el acelerador pisado y los sentidos en alerta máxima de lunes a viernes de 7:00 am (o un poco antes) a 4:00 pm (o un poco después). De modo que: ¿que hacer con esos minutos libres? Entré en un sitio web de generación aleatoria de palabras. Tomé las 3 que salieron (sol, cuchara, cereal) y con ellas escribí un haiku. Ahí va.

Solo, como sol
un dorado cereal
en la cuchara

Si algún día vuelvo a tener minutos libres, lo volveré a hacer, lo disfruté un montón.

20 febrero 2016

Diálogo imaginario con un marido muerto

Como parte de unos ejercicios que estoy adelantando, en mi empeño de escribir mejor, comparto este texto que se generó según el reto que a continuación transcribo: Escribir el siguiente monólogo interior (20-40 líneas): "Dirigiéndose imaginariamente a su marido muerto, la viuda, mujer convencional y estrecha de miras, le reprocha que nunca le hiciera una declaración de amor como Dios manda". Esa descripción de la mujer me hizo pensar en algunas mujeres evangélicas o protestantes que conozco, de esas que obedecen a pies juntillas lo que sus ultraconservadores pastores les indican, de modo que que bajo sus largas y descoloridas faldas sus piernas van tan peludas como sus sobacos, y su cabello opaco y largo se apiña desmayado en una coleta sin gracia. Me produce cierta curiosidad el hecho de imaginar justamente una protestante al leer la frase "mujer convencional y estrecha de miras", pero aquí en Venezuela es así. En otros países, supongo que esa descripción se corresponderá más con una católica... aunque las que se deben llevar la palma son las musulmanas.

No obstante, a mi me salió una de esas evangélicas que se autodenominan "cristianas" (que lo son, pero también las católicas, ortodoxas, etc) y el diálogo va así:

En momentos como ese, era inevitable que Ingrid recordase a Jonás, y sostuviese con él farragosos e imaginarios diálogos (más bien monólogos, porque en ellos su esposo solo pronunciaba monosílabos e interjecciones). Esto, que la inquietaba al principio, dejó de causarle remordimientos desde que su pastor le indicó que no había nada de mundano en ello, siempre que no descuidase la obra del señor, claro está. Ingrid se desquitaba del carácter taciturno de Jonás Gandica, elucubrando las conversaciones que, por temor, por timidez o por autocensura, jamás pudo sostener con su cónyuge. Aquel tarde, aburrida y canicular como es costumbre en la depauperada ciudad dormitorio en que habitaba, el asunto se decantaba por estos vericuetos:

-         Gandica, ¿se acuerda de cuando estuvimos en Coro? ¡tan bonito todo! ¿verdad?
-         Umjú… (Ingrid era una maestra imaginando a Jonás respondiendo del parco modo usual en el)
-         Me hubiera gustado volver. Pero es que usted se empeñó en ir a Caracas después, y claro, yo lo acompañé porque soy su mujer y es mi deber ir a su lado para atenderlo como es debido. Pero le digo algo. A mi Caracas no me gustó, con ese ruido y esos zagaletones en moto y esa asquerosidad de hombres agarrándose de la mano y mujeres mostrando las carnes. Gloria al señor que encontramos la iglesia del pastor Manuel Colina y pudimos ir al culto como corresponde, pero usted sabe bien que yo nunca quise volver a esa ciudad perdida, y usted, tan bueno como siempre, me complació.
-         Ah bueno, pa’ que vea…
-         ¿Se acuerda de la hermana Domitila y su esposo, el hermano Tulio? ¡Qué gente tan buena! ¡Y conocedora de la palabra! Por ellos es por el único motivo por el que hubiera aceptado volver a la capital, pero después, claro, usted se enfermó y la gente que dejó encargada del taller no le cumplió y bueno, usted sabe lo que pasó después, ¿no?
-         Ajá…
-         Ay Gandica… ¿Por qué tuvo que morirse? ¡Gloria al señor en sus designios! Yo oro todos los días pidiéndole al señor el entendimiento para aceptar que se lo llevó de mi lado y leyendo el libro de la sabiduría en la biblia esa tan bonita que usted me regaló cuando nos comprometimos. Es que usted si tuvo detalles conmigo, y doy gloria al señor porque usted dejó la vida mundana cuando se casó conmigo, pero usted sabe que eso no es mérito mío sino de él, que obró a través de esta simple integrante de su congregación…
-         Pues si…
-         Gandica, yo se que de eso no se habla pero usted ya está en la gloria del señor y no debe importarle que le pregunte eso, con mucho respeto porque usted es mi marido y siempre lo será aunque esté muerto, porque yo estoy dedicada a la obra del señor y no pienso volver a tener marido nunca más, pero ¡dígame algo!
-         ¿Qué será?
-         ¿Por  qué usted nunca me dijo que me quería? ¿Por qué no se me declaró como debe ser, sino que se limitó a decirme “nos casamos el 18 de octubre en el templo del pastor Ronaldo Vargas”? ¿Por qué cuando estábamos usted y yo solos yo le decía que mi único amor terrenal era usted, gloria a Dios, y usted nada más decía “igualmente” y no me decía que me quería? ¿Porque, porque, porque? E invariablemente, llegado el momento de formular estas preguntas, la imaginación de Ingrid se esterilizaba de pronto, se desvanecía, y jamás lograba idear la respuesta que le hubiera dado el difunto, lacónico y adusto Jonás Gandica de quien ella, sin atreverse a reconocerlo, seguía enamorada aún después de haber transcurrido más de veinte años de su muerte.

La imagen es un cuadro de Van Gogh: "Cabeza de una mujer campesina con gorra blanca"

23 noviembre 2014

Domingo de metáforas: El Museo de Arquitectura de Caracas y la exposición sobre el Helicoide

Hoy fue uno de esos domingos lentos y calurosos que propician el solaz visual y el ejercicio intelectual que derivan (o deberían derivar) de la visita a un museo. Acudí al polémico Museo de Arquitectura de Caracas (Musarq) principalmente a ver la exposición "Helicoides Fallidos". Más allá de mis impresiones sobre la muestra en si y el espacio que la alberga (que seguro percolarán mas abajo en este post), me vinieron a la mente dos asociaciones. El Helicoide es una metáfora de Venezuela, y el Musarq, otro tanto sobre el ejercicio de la arquitectura en suelo patrio.

El Helicoide, iniciativa privada que necesariamente debió contar con el beneplácito del militar Marcos Pérez Jiménez, prometía un espacio glamoroso, moderno y atractivo para las compras, al igual que cualquier mall de hoy en día. A medida que el tiempo fue pasando, los problemas que enfrentó su construcción, no muy distintos a los problemas que enfrenta cualquier obra, fueron gestionados bastante ineficazmente, o no lo fueron en absoluto. El proceso constructivo quedó inconcluso, y el entorno de esta obra se convirtió en un popurrí de barrios marginales. El Helicoide ha sido usado para albergar damnificados, fue producto de muchos bien intencionados proyectos para instalar allí desde museos hasta ministerios. Posteriormente fue trasladado allí un cuerpo de seguridad gubernamental... y en este régimen militarizado, ha pasado a ser una cárcel para presos políticos, de condiciones bastante inhumanas por cierto, según la OEA. El Helicoide, como toda Venezuela, sufre de ranchosis, e involucionó desde una concepción de alta factura alabada (entre otros) por Pablo Neruda a ser el deplorable escenario de la degradación y humillación que el actual régimen obsequia al que piensa diferente, en cruel remembranza del dictador que dio su beneplácito al proyecto inicial... y a quien no puede negársele su eficacia en la gestión de obras públicas, hoy inexistente.

La muestra está bien curada, y cuenta con valioso apoyo documental, mas resulta difícil (al menos para mi) evitar la depresión que nace al comparar lo que pudo haber sido el Helicoide, el paisaje urbano de la Caracas de los 50, el respeto que en aquel momento existía por el oficio de arquitecto y otros detalles, con la realidad actual, diametralmente opuesta. Por otra parte, para llegar a la muestra se pasa primero por un estridente panegírico a la misión vivienda, y al lado de la misma hay otro ejercicio de adulación a ciertos "partos de los montes" del régimen.

Y así nace el símil entre el Musarq y el depauperado ejercicio de la arquitectura en Venezuela. El Arquitecto Federico Vegas hace una magistral disección de esta obra en un artículo publicado en el sitio web del C.A.V. (disponible aqui), por lo que no me extenderé poniendo de relieve lo que Vegas hace con más base documental y contundencia de la que yo pudiera lograr. Si quiero llamar la atención sobre algo. ¿Cual arquitecto diseñó el Musarq? No lo se. Ni idea. El brochure oficial de la institución de marras se limita a mencionar que el proyecto fue "Diseñado por el equipo profesional del Prof. Juan Pedro Posani". Es decir, la importancia, la representatividad, la médula, la promoción mediática del museo de arquitectura ignoran por completo al arquitecto, y se enfocan en el director (que no es arquitecto), en triste símil a la idiosincrasia Venezolana al respecto, existente desde hace luengos años, pero exacerbada (como prácticamente todos los males de la era democrática) por el régimen militarizado que detenta el poder en Venezuela desde hace ya casi 16 insufribles años.

Debo, eso si, resaltar un detalle. La exposición en ningún caso se pliega en loas al actual régimen, y por el contrario, deja colar que el difunto Hugo Chávez y su sucesor han sido, por lo menos, tan inconsistentes en la gestión del helicoide como problema, como lo fueron los gobiernos antecesores. Prefiero pensar que ello se debe a un ejercicio de sindéresis por parte del museo y no a un no haberse dado cuenta.




06 septiembre 2014

El escuadrón de las patas de pollo

Hace unos días, un zancudo "patas blancas" tuvo la infeliz idea de picarme... nada original, tomando en cuenta que, en estas latitudes tropicales, eso ocurre varias veces al día. El problema es que este en particular me transmitió el dengue. No voy a concentrarme describiendo la terrible sensación de considerarse totalmente carente de energía mientras el cuerpo se percibe desdoblado, con el torso y cabeza en una caldera volcánica en actividad, y las manos y pies en el Nilfheim, el infierno gélido de la mitología nórdica. Lo que si resulta particular, es el descubrimiento de la panacea universal, de la mano de los amigos que se comunicaron conmigo durante este trance: Las patas de pollo.

Absolutamente todos los amigos me recomendaban que de forma muy juiciosa ingiriese un caldo de patas de pollo. Algunos acompañaban el récipe con leche de coco y/o infusión de "chocolata" (planta común también conocida como "coneja" de nombre linneano catharanthus roseus), no se si todo esto junto o separado. Yo, que tengo por las sopas un amor parecido al que les profesa Mafalda, nunca estuve muy seducido por la idea. En todo caso, consulté 4 médicos amigos, y resultó que dos estaban a favor y dos en contra de la administración del menjurje de marras, con opiniones que variaban desde "Esta científicamente probada la eficacia de las patas de pollo para subir las plaquetas" hasta "Yo no se como puede ayudarte eso, total, no son otra cosa que pellejo, huesos y mierda".

Por fortuna para mi, me hospitalizaron, y la comida de instituciones de salud privadas raras veces incluye manjares tan dudosos como la sopa de patas de pollo, de modo que me salve de esta ingesta. Y mis plaquetas se recuperaron igualito, aunque alguna noche soñé con una conspiración de mis amigos, persiguiéndome con las patas de pollo en ristre y un caldero humeante.

29 diciembre 2013

Detox



…palabra que puede interpretarse como “desintoxicación” aunque suena más contundente. Y eso fue exactamente lo que hice en mis más recientes vacaciones.

Un día, en medio del agitado programa que me autoimpongo en los desplazamientos recreativos para procurar aprovechar hasta el último segundo y conocer hasta el último cm2, me pregunté por qué, a pesar del endemoniado ritmo, me sentía tranquilo, prístino, liviano, y otros adjetivos similares tan ajenos a los que vienen a la mente al procurar describir la urbe en la que habito.

Y entonces una mirada al entorno que me rodeaba me dio la respuesta.

No había motorizados zigzagueantes y amenazantes sintiéndose dueños de las calles.

No había afiches del muerto ni de sus acólitos.

No había, en el transporte público, personas que se subiesen a fracasar en su intento de parecer animosos, mientras repiten con voz mecánica “buenas tardes señores pasajeros, disculpen que le robemos un minuto de su tiempo y de su atención, somos un grupo de jóvenes que…..”

No había en la vera de las calles perros muertos, indigentes, latas de refresco aplastados, cartones de jugo fungiendo de hogar de las drosophila melanogaster, bolletes de papel higiénico usado, vómito, excrementos, indigentes (con o sin untura de vómito y/o excrementos), ni sustancias inidentificables.

No había gente malencarada, amargada y obstinada de vivir, eyectando su odiosa bilis en derredor (al menos no tropecé con ninguna, aun estando en lugares propicios para ello como mercadillos, aeropuertos y oficinas públicas)

No había adolescentes raquíticas de mirada hueca, preñadas y cargando un niño en brazos mamando de una desmirriada teta y sujetando a otro con la mano, ojalá el primogénito.

No había cadenas televisivas interminables mostrando un cacaseno vociferante, trasbocando su odio con acento cubanizado y gangoso.

No había vehículos “tuneados” perturbando las calles con sus reguetones distorsionados a todo volumen.

En resumen, no había una cantidad de cosas que me resultan odiosas, desagradables e insoportables y que se han transformado en parte integral de mi realidad diaria.

Lo que si había era víveres e insumos en abundancia, espacio despejado para caminar y clima frío, cosas todas estas que extraño en este eterno verano nacional orlado de escasez.

A casi un mes de haber llegado, me aferro a las cosas gratas que aún quedan en el contexto, para prolongar el efecto Detox y evitar transformarme en un alienado habitante de esta benesuela que, gracias al régimen, progresivamente se parece más a Burkina Faso y menos a Venezuela.

La foto está tomada en La Pobla de Vallbona, comunidad Valenciana, España

21 julio 2013

Más tonto y más feliz

En mi turbulenta adolescencia, llena de altibajos anímicos, leí un cuento de ciencia ficción en el que una hipotética sociedad futura encargaba a unas computadoras la dirección del destino del mundo, ocupándose aquellas de cultivar alimentos por medios mecánicos y suministrando, además del sustento, diversiones y entretenimiento a los ciudadanos. El relato transcurre a través de la interacción entre 4 personas, que se hacen cada vez más banales y básicas, hasta que terminan, como recién nacidos, únicamente tomando alimento y durmiendo beatíficamente; súmmum de la felicidad según los aparatos de marras.

Aquel relato me pareció en su momento la más temible historia de terror que hubiese leído. Más allá de la imposibilidad práctica de alimentar a toda la población mundial, me asustaba ese concepto (muy común en obras futuristas) de que la búsqueda de la felicidad conduce a la ignorancia y al adormecimiento del raciocinio.

Por cierto, no puedo recordar cómo se llama el relato, ni siquiera con la ayuda de San Google.

El caso es que conscientemente reconozco haber transitado esa ruta, y me siento prueba viviente de la veracidad de la correlación mas felicidad = menos raciocinio.

En mis atormentados veintes y treintas, de peladera implacable y escasísima repercusión en el entorno (como no fuera bajo el desechable concepto de “cerebrito”), escribía largos y enrevesados textos que sólo yo leía, creaba interminables y complejas cadenas de ideas para mi propio consumo, leía y disfrutaba textos densos y aprovechaba las largas y no siempre voluntarias horas de aislamiento para la introspección reflexiva. Y de vez en cuando me preguntaba para que cosa (más allá de condimentar anecdóticamente algunas reuniones) servía la buena memoria y la agudeza de ingenio que creía tener; pidiéndole secretamente a Dios una vida más próspera y muelle, aun a costa de cierta torpeza neuronal.

Y exactamente eso me fue concedido.

Hoy estuve tratando de leer un blog sobre reseñas de cine y libros en el que caí por azar, y me pareció no solo aburrido, también rayano en lo incomprensible y excesivamente denso. Que eso mismo me haya pasado tratando de leer a Jacques Derrida puede entenderse, pero… ¿un blog de reseñas? Eso me da una alerta, y quizás es la señal que esperaba pera empezar a tomar medidas contra la demencia senil o el Alzheimer.


Pero con todo, no me arrepiento, y prefiero esta felicidad y esta vida fluida y semientumecida, al hábito pretérito de practicar consuetudinariamente  agudas disecciones de mi propia miseria.

09 junio 2013

Brigitte Bardot o dos formas de ser bella

De mi niñez temprana, recuerdo dos referentes recurrentes de la excelsa belleza femenina: Raquel Welch y Brigitte Bardot. De la primera (sobre quien seguramente escribiré en otro post) albergo el recuerdo de su escultural cuerpo cubierto escasamente con una piel en "Un Millón de Años Antes de Cristo". De la segunda, mi evocación primigenia es más compleja y agridulce. Por una parte, recuerdo las referencias que se le hacían en una de mis primeras lecturas,  Mafalda, siempre destacando su belleza paradigmática. Por otra parte, guardo en mi chip cerebral de memoria una foto publicada en una revista venezolana de los setentas ya desaparecida (Momento, Bohemia, Élite o una de esas), foto en la que BB aparecía bastante ajada, sin una pizca de maquillaje. Esta foto acompañaba un reportaje (que recuerdo poseía un tono algo peyorativo) en el que se hablaba del retiro de la gran pantalla de la susodicha, para dedicarse de lleno a la causa de la defensa de los derechos animales.

Tal vez para un infante de 9 o 10 años, cual era mi caso, leer eso resultaba algo decepcionante ¿Como iba a dedicarse una mujer hermosa, rica y famosa a una actividad de ese tipo, quizá más adecuada para solteronas feas, anónimas y de escaso busto? Mas con la edad viene el raciocinio, y a los pocos años comprendí cuan loable, humanitario (e incluso inteligente) resultó ese enroque de BB.

Hoy, muchos años después, veo a Brigitte Bardot como un ser admirable. Por una parte, su arrobadora belleza y su estilo de lolita bohemia inspiraron a muchas mujeres y marcaron una tendencia estética bien diferenciada (y se pudiera decir que aún vigente). Por otra parte, su llamado a la conciencia en el tratamiento ético de la vida animal la hacen merecedora de mi respeto. Dos formas distintas de ser hermosa, por fuera y por dentro.

Ojalá tuviésemos mas Brigitte Bardot en esta humanidad, tan sedienta de compasión y autenticidad.

Fotos de BB: http://missbrigittebardot.tumblr.com/
Fundación Accueil, de BB: http://www.fondationbrigittebardot.fr/

24 marzo 2013

Sobre el acto de leer, otra vez

Ciertamente, tenía tiempo sin escribir en el blog. Pero hoy me encontré algunas coincidencias en la red que me animaron a hacerlo. Por un lado, tropecé con una cita del cantante Kanye West, en la que declara que no le gustra leer y que es un orgulloso no-lector. Conozco algunas personas que nunca han leído un libro, pero en esos casos, la gente suele evadir el tema o avergonzarse, en lugar de exhibir orgullosamente su autolimitación. El hecho de que este mismo no-lector haya escrito un libro (de 52 páginas, pero libro al fin) constituye la oximorónica muestra de los paradójicos tiempos que vivimos. La reseña del sainete aqui.

Por otra parte, tropecé con un artículo del español Javier Cercas intitulado "¿Leer nos hace mejores?", bastante corto, denso, lleno de referencias a notables del pasado y del presente y de final previsible: Termina siendo cuestión de gusto.

Pues si. Es cuestión de gusto, pero también de voluntad, de valores, de hábitos. Reconozco que la humanidad está evolucionando de un modo que deja cada vez menos espacio para el plácido hábito de la lectura. Vivir con el acelerador pisado permanentemente y bombardeado por la información inmedita y desechable del twitter, el facebook, el whats app, el pin y mecanismos "lave y liisto" similares no suena muy congruente con echarse en un lugar tranquilo a digerir algunos textos. No obstante, eso no significa que debemos sucumbir a la tentación de poseer un océano de información... con un centímetro de profundidad.

Si usted, estimado lector (guardando como siempre la esperanza de que alguien se tropiece y  lea este blog), ha llegado hasta aqui, significa que la tarea de la lectura le agrada y no le pesa, y quizás hasta esté de acuerdo conmigo. Y para quienes no llegaron a este párrafo, pues ni modo. No seré yo quien haga el papel de padre o de maestro, inculcando el necesario amor por la lectura. Muy lamentable que se lo pierdan.

24 junio 2012

De la Planta Libre a la Vivienda Antimotines: Diseño Criminal

Acabo de culminar la nuy recomendable lectura de "La Ciudad: Una Historia Global" de Joel Kotkin y me resultó inevitable escribir al respecto, desde mi experiencia. En la obra, Kotkin explica como desde el poblamiento de los primeros asentamientos que merecieron el nombre de ciudad hasta la actualidad, diversos factores contribuyen a configurar la dinámica, crecimiento y conformación urbana. Sea la presencia de centros rituales o espirituales, el comercio, el clima, el ser sede de la élite política, siempre ha habido y habrá motivos que definen el carácter y destino de las ciudades.

Resulta triste pero inevitable decir que en el caso de las urbes latinoamericanas (y sobre todo Caracas), es la protección ante el hampa el factor más relevante para definir nuestra geografía urbana. Y para mi es particularmente lamentable, ya que estudié arquitectura bajo el inocente paradigma humanista que, como Rosseau, sostenía que "El hombre es esencialmente bueno". Entonces no era de extrañar que creyésemos a pies juntillas en las bondades de la "Planta Libre" difundida por Le Corbusier, en la creación de conjuntos residenciales abiertos donde los vecinos convivíesen con cordialidad y sentido de pertenencia, cuidando de su entorno y del ambiente; así como creíamos y practicábamos otros conceptos urbanísticos similares que, a la luz de la realidad nacional actual, resultan risiblemente extemporáneos, ingenuos, carentes de pragmatismo y más aptos para Zurich o Estocolmo que para cualquier población venezolana con más de 500 habitantes.

En mi caso, siento que la realidad me dió una bofetada. Realmente, me he tropezado con un mínimo porcentaje de personas interesadas en la iluminación o ventilación de sus hogares, o en el aprovechamiento del espacio; por no mencionar temas más "poéticos" como la volumetría y percepción espacial de sus hábitats. La preocupación principal, como corresponde a la chorocracia en que vivimos, es evitar que se metan los malandros o los secuestradores, los policías siembra-droga o extorsionadores, y sobre todo los grupos de maleantes auspiciados por el coma-andante que pretenden "ocupar" viviendas y propiedades, como si el ciudadano honesto que ha pasado toda su vida ahorrando para tener un hogar digno tuviese la culpa de que Yuleisy alumbre doce hijos de diferentes padres, y ella, su marido de turno y su prole necesiten una covacha donde malvivir.

En el tejido urbano, sucede otro tanto. Aquellas teorías romanticonas (de Zevi, Benévolo y el autor del sempiterno libro azul de urbanismo cuyo nombre se me escapa, entre otros) sobre la revitalización de los cascos urbanos con la arquitectura como protagonista y con la ciudad cuadriculada en calles y plazas, con una población activa que vivía a distancia peatonal de su trabajo, y otras ramplonerías similares, han quedado obsoletas ante una realidad mucho mas brutal e hiriente; en la que la mayoría de las personas viaja entre cuatro y seis horas al día en los desplazamientos hogar-trabajo y los centros comerciales tipo mall (tan defenestrados por los autores mencionados y por los arquitectos de la izquierda caviar como el difunto William Niño) constituyen el único escape seguro a la agobiante realidad del día a día, en la que nadie tiene tiempo para fijarse en la fachada de una edificación o en la vivencia de caminar por una calle arbolada a la luz de la luna. La actualidad tercermundista ofrece otras experiencias sensoriales menos atractivas a quienes tienen el atrevimiento de caminar por las calles en horario nocturno, tales como el sonido de las balas y el tacto frío y cortante de una navaja en el riñón.

Pero claro, esta es una realidad demasiado fea como para que Kotkin se explaye en ella. Afortunadamente, existen experiencias como la de Singapur, que demuestran que con una política de cero tolerancia al hampa y creación de prosperidad, se puede paliar el tema de la seguridad, y así empezar a idear mecanismos para la reinserción social de los jóvenes sin fundamentos morales sólidos y sin opciones laborales y de obtención de calidad de vida que terminan transformandose en choros. Por el bien de las ciudades venezolanas y sobre todo de sus pobladores, esperemos que el final de esta oclocracia de paso a un timonel más preocupado por el bienestar de la colectividad que por su propia permanencia en el cargo.

04 marzo 2012

El decimotercer trabajo de Hercules: Comprar un carro nuevo en Venezuela

Es muy conocido el episodio mitologico en el que Euristeo asigna a Heracles (o Hercules) doce trabajos aparentemente imposibles de ejecutar, pero que, no obstante, el legendario personaje logra acometer .

Pues si Euristeo y Hercules viviesen hoy en dia, uno de los trabajos seria, sin duda, comprar un vehiculo de agencia en Venezuela. Lo que en cualquier pais civilizado o con una economia medianamente decente constituye un simple acto de esfuerzo monetario y valoracion practica e incluso estetica, aqui se ha vuelto una labor titanica, estresante, que saca lo peor de algunos seres humanos y pone a prueba los valores, la paciencia y la resistencia del que la intenta. Les relatare mi experiencia personal recientemente culminada con exito relativo, segun consta en la foto, quizas pueda ser de utilidad como guia para quien desee comprar un carrito de agencia... o convencerse de que mejor no lo intenta.

ESTABLECIENDO LAS CONDICIONES PRELIMINARES
Esta etapa es de mucha importancia, porque prefigura de que modo se va a sufrir durante el proceso. Basicamente existen 3 opciones:
1) Alternativa Caribe: Es la ideal para quienes ya perdieron cualquier rezago de escrupulos y conciencia, esos fardos tan inutiles en nuestra sociedad del siglo XXI. Consiste en buscarse un pana en una agencia de vehiculos (o hacerse de un pana alli, que no es tan dificil bajo el imperio de Don Dinero) y ofrecerle una jugosa comision para que consiga el vehiculo que quieres. Podemos estar hablando de 30.000, 50.000 o mas, puesto que esta opcion se ha vuelto muy popular y las tarifas han subido. En este caso quien lleva la carga mas pesada es el bolsillo, ya que lo demas suele ser facil, aunque si pretendes comprar el carro a credito, aun falta el paso del banco, donde de modo mas sutil tambien puede existir este mecanismo. Se corre el riesgo de que el pana se vaya con la cabuya en la pata, como he sabido en un par de casos.
2) Opcion revolucionaria: Es la que toman quienes no tienen problema en compra un carro de Iran, Corea del Norte u otro pais "aliado" del regimen. Perfecta para los chavistas "u-a" a quienes no les importa esperar 10 o 14 meses para obtener un vehiculo de calidad discutible, muy diferente por cierto a las Hummer, Explorers y Cherokees tan imperialistas y tan populares entre los altos personeros del regimen. Opcion vedada para quien esto suscribe por razones de practicidad y conciencia y por haber firmado en el 2003, 2004 y todas las veces que haya hecho falta.
3) El Calvario: Es lo que nos corresponde a quienes no queremos entrar por el aro de las opciones anteriores. Largos procesos de averiguacion en las agencias de toda Venezuela, atencion a rumores como "En la Toyota de Santa Elena de Guairen quedan tres Yaris, apurate" o "El concuñado de la nuera del sobrino de la suegra de un vecino dijo que ya van a llegar los Peugeot a las agencias de Tucupita, San Antonio del Tachira y La Trinidad de Orichuna, echate una pasadita" y apresto de karateka son necesarias para este proceso. En mi caso, le dije a cuanto ser viviente me cruzaba, que necesitaba comprar carro, en cierto puento ya independientemente de marcas o modelos, con la sola limitacion de que no pasase de 300.000. Y el dato llego a traves de un pariente que queria comprar el carro que yo tenia, a su vez suministrada por una compañera de trabajo cuyo hijo trabaja en una agencia. Cualquier parecido con "6 grados de separacion" es mera coincidencia.

OBTENIENDO EL CREDITO
Despues de ir a la agencia y corroborar que efectivamente el vehiculo llega en un plazo razonable (antes de que toque ingresar en un ancianato), a menos que se tenga como pagar el carro "al brinco rabioso", corresponde pedir un credito en el banco. En mi mente ingenua, el banco analiza una serie de parametros y decide si otrogar o no el credito. La realidad con la que me encontre fue mucho mas visceral. Primero, habian negado el credito y luego, en un extraño gesto de magnanimidad o no se que, fue aprobado de inmediato al preguntar los motivos por los que habia sido negado. Debo reconocer que tuve suerte. Como recomendacion, sugiero utilizar el banco "de toda la vida" donde conozcan al cliente y no le pidan requisitos insolitos como el certificado de vacuna contra la rabia o la declaracion de impuestos de hace 5 años.

EL TORTUOSO PROCESO DE ESPERAR EL CARRO
Ya entregados los papeles, ahora la modalidad es pagar el carro antes y esperar a que la conjuncion de los astros u otros factores desconocidos permita que la agencia te lo entregue. En mi caso tuve que esperar exactamente 22 dias, que no fueron mas gracias a la peleadera continua y la llamadera fastidiosa. Primero, me obligaron de manera sutil a comprar una cantidad de accesorios que en mi vida se me hubiese ocurrido instalarle al carro, como vidrios blindados, sirena de ambulancia, asientos de cuero, escape cromado y otras sultilezas carisimas que duplicaron el valor del vehiculo. El razonamiento fue "el carro ya viene asi, y si usted no lo quiere comprar asi, hay cientos de personas que si... y hay muy pocos carros, entiende?". Si, ya se que existe el Indepabis, pero yo soy empleado y cuido mi trabajo. No tengo tiempo de andar pidiendo permisos e invirtiendo horas en reclamaciones y llenado de papeles sin ninguna garantia de lograr nada, asi que por este aro si entre. Luego, el catalogo de excusas insolitas para la demora incluia lo siguiente "No venga hoy a firmar, porque la impresora se daño, yo le aviso", "Los papeles no se han enviado al banco porque la firma autorizada aun esta de vacaciones", "Hoy no le podemos informar cuando le entregamos su carro porque el que maneja esa informacion no vino", "Hoy no se puede llevar el carro porque el vendedor no vino"... todo en un alarde de creatividad inesperado.

Por supuesto, acciones logicas como elegir la marca, modelo y color del carro quedan eliminadas ente este panorama de escasez y componenda. Compre lo que habia. Un Fiat Siena color plata, que no esta mal, pero no era exactamente lo que queria (aunque reconozco que es una muy buena compra).

Y lo mas importante: Lo logre sin traicionar mis principios ni lamerle las botas a ningun uniformado semianalfabeta. Y en la Venezuela actual, lograr algo en esas condiciones es un merito digno de Hercules.

01 mayo 2011

El límite de lo políticamente correcto

Cuando niño, me chocaban las películas de vaqueros, tan predecibles ellas. Todos los blancos eran buenos, todos los indios eran malos, excepto aquellos que se alineaban con los blancos. Punto.

Después empecé a descubrir ese esquema en las telenovelas, aunque ya no con carga cromática, en las películas de kung fu... después en las canciones de protesta, hemipléjicas de origen, y en muchas otras fuentes de información. Y yo, con febril candor juvenil, soñaba con una humanidad donde esos límites se borraran, donde prevaleciese la esencia bondadosa del ser humano más allá de lo aparente. Y admiraba a figuras reivindicadas como María Magdalena, y cantaba con Palito Ortega "yo tengo fe que todo cambiará / que triunfará por siempre el amor / yo tengo fe que siempre brillará / la luz de la esperanza no se apagará jamás"

Por eso, cuando a mediados de los 80's empezó esa ola de lo políticamente correcto, me pareció genial. Que bueno que ya no hubiese que decir mocho, tuerto, oligofrénico o sordo sino "persona con discapacidad" o mejor aun "persona con capacidades diferentes". Y ya quedaba abolido el término "negro" para ser sustituído por "afrodescendiente", la ramera era ahora una "trabajadora sexual", el violador de menores un "desadaptado" y así sucesivamente.

Pero la cosa empezó a pasarse de la raya. Entonces a estas alturas, ya está mal visto decir "el perro es el mejor amigo del hombre", y toca decir "los perros y las perras son los mejores amigos y amigas de los hombres y de las mujeres". Y ni se nos ocurra hablar de aborto. El término correcto es "Interrupción del embarazo", aunque lo haya practicado una comadrona en Cúcuta con un gancho de ropa doblado o se haya provocado tomándose una malta caliente con raíz de perejil; asimismo, casi ningún viejo permitirá que le digamos anciano en lugar de "ciudadano de la tercera edad".

Podría seguir dando miles de ejemplos, risibles algunos, pero el punto es el siguiente: Creo que esta exageración de la corrección política nos está llevando a perder los referentes morales y de conducta. Ese pensar que todo vale, que todo es justificable, termina muchas veces enredando todo a tal punto que resulta imposible discernir lo justo y lo correcto. Recuerdo una valla que alguna vez mandó a colocar en Valencia el gobernador oficialista y militar Acosta Carlés (el del eructo). En dicha valla se sugería enfáticamente a las mujeres "no usar ropa provocativa para no provocar a los violadores". Esta criminalización de la víctima solo es posible bajo la lupa de la hiperbolización de lo "políticamente correcto". El violador justifica sus actos bajo la premisa de que la mujer llevaba una prenda provocativa. Y si bien la mayoría de los humanos es capaz de refrenar sus impulsos, el no, ya que el es diferente. Y como es diferente, pertenece a una minoría y por lo tanto merece respeto. Y por eso, no se le puede criminalizar por dar rienda suelta a sus impulsos sin ningún freno, por que el es diferente. Y por tanto, la culpa no es de el, sino de la mujer que usó el atuendo en cuestión.

Coincido con Vladimir Volkoff en considerar que esta exageración de la corrección política nace de la decadencia del espíritu crítico de la identidad colectiva, y pienso que el fenómeno se da a escala global. Solo que en Venezuela el hecho se da al revés. Quienes verdaderamente deberían manejar un lenguaje políticamente correcto, es decir, los asambleístas y el poder ejecutivo, hacen todo lo contrario; insultando y descalificando automáticamente a todo el que se salga un ápice de (o tenga la desfachatez de oponerse a) las líneas del pensamiento único del "máximo líder".

Macondo, 100% Macondo, diría un dilecto amigo.